martes, 12 de julio de 2011

El nacimiento de una nación

Nauseabundo pero espantosamente actual fotograma
 Griffith (1915)
Hoy va de citas, lo he hecho la primera vez con el título de la celebérrima película de Griffith, tan conocida cómo denostada por todos aquellos que debimos analizarla durante la carrera, la forma no siempre justifica el fondo, cómo ocurre en muchas otras facetas de la vida, aunque en este caso el título y el racismo vomitivo de su argumento me vienen al pelo.
En segundo lugar me citaré a mi mismo, sé que esto no carece de cierto tufillo ególatra, pero esta reflexión que publiqué en Febrero para ilustrar el post llamado Rupturas me sigue sirviendo hoy para explicar mi posición respecto de la independencia de Sudán del Sur que más tarde matizaré:
"Durante estos días convulsos en el mundo Árabe, ha pasado bastante desapercibido el proceso de segregación en Sudán, finalmente, tras el referéndum de independencia amparado por la ONU y patrocinado por occidente, este verano nacerá un nuevo estado llamado Sudán del Sur. Este hecho ha sido, en general,  valorado muy positivamente por poner fin a décadas de guerra civil pero yo albergo dudas. Al sur nos encontraremos un país cristiano y rico en recursos naturales (turismo) y energéticos (gas, petróleo, metales, etc) que sin embargo no tiene capacidad económica ni estructural para explotarlos. En el norte, hallaremos un estado islámico, mucho más sólido históricamente y con infraestructuras de las que siempre dependerán los del sur para, por ejemplo, refinar hidrocarburos. O quizás no, tengo la impresión de que el afán por separar definitivamente a ambos viene de un interés lucrativo exterior por controlar la zona, temo que esta pacífica y suave tormenta se puede transformar en tempestad antes de lo sospechado [...] creo que la unión libre y la convivencia nos hace más fuertes, sospecho que la Unión Africana también lo piensa, o por lo menos eso se trasluce de su proyecto supranacional de los Estados Unidos de África. En definitiva, la historia nos demuestra que las rupturas en otros países como Vietnam, Yemen, Corea o Alemania trajeron años de tristeza y amargura que contrastaron con la algarabía de las reunificaciones."
Hoy ya ha ocurrido y sólo queda esperar, tras la lógica euforia inicial por la independencia luchada en una cruenta guerra civil con miles de muertos, ahora es el momento de la verdad, esperemos que tengan un gobierno honesto y democrático, que este cuente con el apoyo sincero de los países desarrollados y que las multinacionales petroleras que allí se instalen lo hagan para dar empleo a su población y pagar impuestos que favorezcan el bienestar y la educación universales mientras se construyen estructuras que favorezcan la llegada de un turismo sostenible.
Yo, sin embargo nunca podré dejar de recordar las noticias leídas, imágenes vistas e historias personales cómo la del hombre que un día fue niño y al siguiente se convirtió en soldado del ejército sudanés, he aquí la tercera referencia del día, publicada ayer mismo por el diario El país:
Tampoco olvidaré que estas atrocidades fueron aderezadas con el repugnante halo místico de la diferencia étnica y la confrontación religiosa, cómo tantas veces, antes y después del film de Griffith, las creencias vienen a otorgar razón absoluta al ignorante mientras traen miseria y destrucción.
Pero prefiero pensar en un futuro donde impere la altura de miras, la coherencia se imponga al absurdo, los que tienen que escuchar escuchen y los que tienen que gobernar gobiernen sin olvidar que la opulencia de pocos suele traer consigo la hambruna de muchos, estos niños que nos mostró Save the Children lo merecen.

Quiero creer en este mañana, porque si allí se produjese el milagro terrenal sería ejemplar para los demás y haría aún más inviable el mantenimiento de incongruencias históricas cómo las de una tierra que cada vez es menos santa y más infernal.
Vuelvo así a la narración del artículo precedente, olvidé mencionar pero recuerdo ahora que la observación de la chaladura jerosolimitana me obliga a inferir que quizás en Oriente Medio se ha perdido el contacto con la realidad y que puede haber llegado el momento de decidir por ellos. Mientras el gobierno israelí se radicaliza, el palestino sucumbe a la división interna que a su vez nutre el enquistamiento de una construcción nacional y todo ello por la ineptitud para el consenso que demuestran los que sin embargo sufrieron persecuciones y expulsiones seculares. Por lo tanto, cómo el germen de la cizaña parece encontrarse en la ciudad Patrimonio de la Humanidad y para evitar una decisión salomónica que partiese ese lugar, a lo mejor habría que plantearse una regencia global de Jerusalén que permitiese una vida en paz fuera de sus murallas. Por supuesto sería mucho mejor construir un sólo estado libre, multicultural, multiétnico y multirreligioso o incluso laico donde todo el mundo tuviese las mismas oportunidades y nadie fuese discriminado, pero a la vista está que su ofuscamiento les incapacita.
Me retiro con el ardor de estómago que me produce hablar de naciones y religiones pero en fin cada uno ha de hacer lo que piensa debe hacer y explicar lo que ve o cree que ve, hoy especialmente se lo dedico a ese tuitero hispanófilo residente en Estados Unidos que de vez en cuando me visita y supuestamente lucha contra los nacionalismos desde el nacionalismo, sus hilarantes argumentos, bandera al cuello e incongruencia exacerbada provocan mi caracajada y amenizan mi existencia virtual.
Aclaro por último que si hoy he hablado de escuchar, hacer y explicar no ha sido casual ya que algunos de mis sueños turbutópicos cobraron forma la pasada semana en un inusual discurso sabatino. 

martes, 5 de julio de 2011

Libros, miedo y enredos

¿Y si esta tierra no perteneciese a nadie?
LIBROS
Hace dos días regresaba a casa en un avión leyendo el libro segundo de la Utopía de Tomás Moro y caí en una enajenación transitoria que me llevó a preguntarme que ocurriría si, de repente, yo creyese que la parabólica Nova Insula Utopia fue un lugar real y no imaginario y que su capital Amauroto debía ser el centro del universo. Podría también creer que el conquistador inexistente Utopo es dios, que el navegante imaginario Hitlodeo es su emisario y que el mismo Moro es su profeta. ¿Por qué no podría tener yo esa fe? ¿Quién me dice que esos lugares utópicos no existieron? Desde luego, tengo derecho a creerlo y con cierta capacidad de persuasión podría convencer a cientos de miles de personas y todos juntos llegaríamos a la conclusión de que, siguiendo los escritos, nuestro lugar sagrado, nuestro destino, bien podría ser la Isla de Mombasa por ejemplo, entonces tendría una justificación mística para invadirla, destruir el puente que la une al continente africano y expulsar a todos aquellos que no abrazasen nuestra fe. Allí, todos juntos, montaríamos nuestra sociedad perfecta, tendríamos el derecho que nos otorgó dios en su revelación hace 500 años.
Estoy convencido de que para cualquier lector cabal esto sería una estupidez supina, dificilmente respetable fuera de los muros de un hospital psiquiátrico. Pues bien, salvando las distancias, esto es lo que he encontrado a lo largo de un intenso periplo por tierras jordanas e israelíes, Torá, Corán, Biblia, sublibros, versiones y spinoffs. Esta es la tierra de unos porque lo dice su libro, así pueden masacrar a otros sin remordimiento. Reconozco una pasión irrefrenable por el arte que nos han dejado las distintas religiones, la embriaguez que me produce el ambiente que se respira en los lugares supuestamente sagrados y el enorme interés por la teología, el exotismo de sus historias me deslumbra. Es una pena que este no sea un blog de viajes, me encantaría contar las aventuras y desventuras de una pareja viajera a la que siempre preguntan: "Are you alone?" y que siempre contesta: "No, we are together". Sin embargo, es necesario narrar que tras 2000 kilómetros al volante hemos visto lugares tan simbólicos cómo los Altos del Golán desde una cueva que sirvió de cobijo a un tal Jesús, las aguas del Jordán que Juan uso para su bautismo o el Monte Nebo desde el que parece que Moisés vio una tierra prometida a la que jamás llegó, todo regado por la simpatía y amabilidad de un país cómo Jordania al que ya no viaja casi nadie por miedo a lo desconocido.


MIEDO
Nos preguntaban si no temíamos este viaje, nos volvían a  hablar, cómo siempre, del radicalismo islámico sin saber que lo único extremo que hay allí es el respeto del que hacen gala aquellos árabes de raíces palestinas con creencias musulmanas o cristianas.
Pero decidimos cruzar a Israel, lo habíamos divisado desde las montañas jordanas y decidimos verlo de cerca, entonces llegó el terror, la angustia, la antipatía y una claustrofobia difícil de explicar. Cruzamos por tierra una de las fronteras más complejas del planeta, todo normal hasta pisar suelo hebreo, allí sufrimos nuestro propio calvario sin haber llegado siquiera a Jerusalén. Jóvenes musculosos rapados y chicas aniñadas responsables de la "seguridad" nos separaron, nos retuvieron, nos presionaron e interrogaron. Tres horas de nervios, difícil comprender esa actitud soberbia que todavía no había terminado. El taxi colectivo que nos llevaba a Jerusalén fue detenido, subieron otros soldados con pinta de asesinos y ametralladoras amenazantes a la altura de nuestras narices, me señalaron las gafas de sol, me las quité y con una falsa sonrisa me dijeron que molaban pero yo noté en su cara el placer por la sumisión ajena. Terrorista es el que somete por el miedo, y tras mucho viajar lo más parecido que he visto a esto es la actitud indescriptible de estos milicianos. Si nosotros nos hemos sentido así, no puedo siquiera intuir como se sentirán aquellos que acorralados tras un muro sienten la soledad y el desamparo que se nutre de nuestra indiferencia.


ENREDOS
Ortodoxos etíopes enfrentados a ortodoxos coptos por la gestión de un patio.
Peregrinos, religiosas, monjes y curas recorriendo la Vía Dolorosa en pleno barrio musulmán.
Judíos orando frente a un muro por la reconstrucción de un templo que pasa por la destrucción de otro.
Una pastora de Florida ayudando a las comunidades palestinas mientras espera el retorno inminente de Jesús.
Un palestino cristiano enfrentado a Hamás que sin embargo lucha por el reconocimiento de su estado.
Un hebreo amable y comprensivo que reduce el problema a la situación geográfica de una mezquita.
Ultra-ortodoxos judíos que corren y recorren el barrio musulmán provocando con sus cánticos.
Militares amenazadores protegiendo no se sabe a quién de no se sabe qué.
Un kilómetro cuadrado, cuatro barrios, cuatro culturas, decenas de creencias, cismas y matices abisales.
Y por la noche, campanas, imanes llamando al rezo, más campanas y el aderezo lejano de los sonidos de bala.

Me fui buscando motivos que desmontasen la utopía de un oriente medio en paz y regreso con mi fe turbutópica tambaleándose. Me fui buscando una justificación a la política de Israel y regreso espantado por unas actitudes injustificables. Me fui buscando comprender algunas creencias anacrónicas y regreso desconcertado ante la observación de una alucinación colectiva. Me fui buscando respuestas y regreso con más preguntas.
Un día escribí sobre mi mundo soñado, mientras llega seguiré pululando por el actual y quedándome con los instantes vividos, con las charlas nocturnas, con Fadua, con Samir, con Karen, con Abdulsalaam y los demás. También conservo la esperanza, si el hombre fue capaz de crear ciudades legendarias cómo Petra y Jerusalén algún día dejará de destruir y dedicará su capacidad creativa sólo a construir.
Relajémonos con el sonido de la llamada a la oración.


Esta ha sido la crónica imperfecta de un viaje perfecto, o viceversa. Antes de partir un gurú tuitero dijo: "El día que los musulmanes abandonen las armas llegará la paz, el día que lo haga Israel desaparecerá Israel" Entonces pensé que sólo era una opinión sesgada, hoy pienso que fue un embuste premeditado. El 15 de Septiembre empieza a decidirse el futuro del pueblo palestino, merecen vivir en paz.
Espero que la religión deje de corromper la política.
Confío en que las Naciones Unidas, Obama mediante, tomen la decisión correcta.
Deseo que el turismo regrese a Jordania, nos necesitan más que nunca.
Sigo sin creer en dios pero hoy me despediré con un ojalá, insha'allah...
إن شاء