martes, 5 de julio de 2011

Libros, miedo y enredos

¿Y si esta tierra no perteneciese a nadie?
LIBROS
Hace dos días regresaba a casa en un avión leyendo el libro segundo de la Utopía de Tomás Moro y caí en una enajenación transitoria que me llevó a preguntarme que ocurriría si, de repente, yo creyese que la parabólica Nova Insula Utopia fue un lugar real y no imaginario y que su capital Amauroto debía ser el centro del universo. Podría también creer que el conquistador inexistente Utopo es dios, que el navegante imaginario Hitlodeo es su emisario y que el mismo Moro es su profeta. ¿Por qué no podría tener yo esa fe? ¿Quién me dice que esos lugares utópicos no existieron? Desde luego, tengo derecho a creerlo y con cierta capacidad de persuasión podría convencer a cientos de miles de personas y todos juntos llegaríamos a la conclusión de que, siguiendo los escritos, nuestro lugar sagrado, nuestro destino, bien podría ser la Isla de Mombasa por ejemplo, entonces tendría una justificación mística para invadirla, destruir el puente que la une al continente africano y expulsar a todos aquellos que no abrazasen nuestra fe. Allí, todos juntos, montaríamos nuestra sociedad perfecta, tendríamos el derecho que nos otorgó dios en su revelación hace 500 años.
Estoy convencido de que para cualquier lector cabal esto sería una estupidez supina, dificilmente respetable fuera de los muros de un hospital psiquiátrico. Pues bien, salvando las distancias, esto es lo que he encontrado a lo largo de un intenso periplo por tierras jordanas e israelíes, Torá, Corán, Biblia, sublibros, versiones y spinoffs. Esta es la tierra de unos porque lo dice su libro, así pueden masacrar a otros sin remordimiento. Reconozco una pasión irrefrenable por el arte que nos han dejado las distintas religiones, la embriaguez que me produce el ambiente que se respira en los lugares supuestamente sagrados y el enorme interés por la teología, el exotismo de sus historias me deslumbra. Es una pena que este no sea un blog de viajes, me encantaría contar las aventuras y desventuras de una pareja viajera a la que siempre preguntan: "Are you alone?" y que siempre contesta: "No, we are together". Sin embargo, es necesario narrar que tras 2000 kilómetros al volante hemos visto lugares tan simbólicos cómo los Altos del Golán desde una cueva que sirvió de cobijo a un tal Jesús, las aguas del Jordán que Juan uso para su bautismo o el Monte Nebo desde el que parece que Moisés vio una tierra prometida a la que jamás llegó, todo regado por la simpatía y amabilidad de un país cómo Jordania al que ya no viaja casi nadie por miedo a lo desconocido.


MIEDO
Nos preguntaban si no temíamos este viaje, nos volvían a  hablar, cómo siempre, del radicalismo islámico sin saber que lo único extremo que hay allí es el respeto del que hacen gala aquellos árabes de raíces palestinas con creencias musulmanas o cristianas.
Pero decidimos cruzar a Israel, lo habíamos divisado desde las montañas jordanas y decidimos verlo de cerca, entonces llegó el terror, la angustia, la antipatía y una claustrofobia difícil de explicar. Cruzamos por tierra una de las fronteras más complejas del planeta, todo normal hasta pisar suelo hebreo, allí sufrimos nuestro propio calvario sin haber llegado siquiera a Jerusalén. Jóvenes musculosos rapados y chicas aniñadas responsables de la "seguridad" nos separaron, nos retuvieron, nos presionaron e interrogaron. Tres horas de nervios, difícil comprender esa actitud soberbia que todavía no había terminado. El taxi colectivo que nos llevaba a Jerusalén fue detenido, subieron otros soldados con pinta de asesinos y ametralladoras amenazantes a la altura de nuestras narices, me señalaron las gafas de sol, me las quité y con una falsa sonrisa me dijeron que molaban pero yo noté en su cara el placer por la sumisión ajena. Terrorista es el que somete por el miedo, y tras mucho viajar lo más parecido que he visto a esto es la actitud indescriptible de estos milicianos. Si nosotros nos hemos sentido así, no puedo siquiera intuir como se sentirán aquellos que acorralados tras un muro sienten la soledad y el desamparo que se nutre de nuestra indiferencia.


ENREDOS
Ortodoxos etíopes enfrentados a ortodoxos coptos por la gestión de un patio.
Peregrinos, religiosas, monjes y curas recorriendo la Vía Dolorosa en pleno barrio musulmán.
Judíos orando frente a un muro por la reconstrucción de un templo que pasa por la destrucción de otro.
Una pastora de Florida ayudando a las comunidades palestinas mientras espera el retorno inminente de Jesús.
Un palestino cristiano enfrentado a Hamás que sin embargo lucha por el reconocimiento de su estado.
Un hebreo amable y comprensivo que reduce el problema a la situación geográfica de una mezquita.
Ultra-ortodoxos judíos que corren y recorren el barrio musulmán provocando con sus cánticos.
Militares amenazadores protegiendo no se sabe a quién de no se sabe qué.
Un kilómetro cuadrado, cuatro barrios, cuatro culturas, decenas de creencias, cismas y matices abisales.
Y por la noche, campanas, imanes llamando al rezo, más campanas y el aderezo lejano de los sonidos de bala.

Me fui buscando motivos que desmontasen la utopía de un oriente medio en paz y regreso con mi fe turbutópica tambaleándose. Me fui buscando una justificación a la política de Israel y regreso espantado por unas actitudes injustificables. Me fui buscando comprender algunas creencias anacrónicas y regreso desconcertado ante la observación de una alucinación colectiva. Me fui buscando respuestas y regreso con más preguntas.
Un día escribí sobre mi mundo soñado, mientras llega seguiré pululando por el actual y quedándome con los instantes vividos, con las charlas nocturnas, con Fadua, con Samir, con Karen, con Abdulsalaam y los demás. También conservo la esperanza, si el hombre fue capaz de crear ciudades legendarias cómo Petra y Jerusalén algún día dejará de destruir y dedicará su capacidad creativa sólo a construir.
Relajémonos con el sonido de la llamada a la oración.


Esta ha sido la crónica imperfecta de un viaje perfecto, o viceversa. Antes de partir un gurú tuitero dijo: "El día que los musulmanes abandonen las armas llegará la paz, el día que lo haga Israel desaparecerá Israel" Entonces pensé que sólo era una opinión sesgada, hoy pienso que fue un embuste premeditado. El 15 de Septiembre empieza a decidirse el futuro del pueblo palestino, merecen vivir en paz.
Espero que la religión deje de corromper la política.
Confío en que las Naciones Unidas, Obama mediante, tomen la decisión correcta.
Deseo que el turismo regrese a Jordania, nos necesitan más que nunca.
Sigo sin creer en dios pero hoy me despediré con un ojalá, insha'allah...
إن شاء

martes, 14 de junio de 2011

Castillos de Arena

A little spinner in the Mollohan Mills (1908)
Diez largos meses de cole llegan a su fin y digo largos porque en una vida de cincuenta meses escasos, supone un 20% de la misma, una eternidad para un niño, en términos de un adulto de 35 años es cómo finalizar una temporada laboral de siete años seguidos. ¿Agotador, no?
Lo bueno es que se han divertido, han aprendido a pintar, a construir, a compartir, a reconocer letras, apreciar los libros, cantar, cocinar, hacer disfraces de papel, plantar, observar el crecimiento de un ser vivo, visitar una granja, alimentar animales, ordeñar y mucho más. Un proceso de adquisición de rutinas basado en el descubrimiento y aprendizaje constante.
Ahora llega el momento del ocio infinito, los más afortunados, irán a la playa, cogerán un cubo y una pala, y día tras día cavaran agujeros en busca de agua, intentarán levantar castillos, buscarán conchas y se esforzarán, probablemente sin éxito, para atrapar algún pez con una red de todo a cien. Otros se desplazarán al pueblo originario de su familia allí podrán disfrutar del campo, de tareas tan exóticas cómo regar las verduras, recoger huevos de las gallinas, rellenar garrafas de agua en la plaza o bañarse en el río tras una calurosa excursión en bici.
Ahora, imaginemos que nuestro hijo o hija ha pasado los últimos 365 días levantándose a las cinco de la mañana para limpiar corrales propios u ajenos. Pensemos que ha dedicado tres mil horas a pegar suelas de zapatillas deportivas o a coser prendas, no para disfrazarse si no para repoblar escaparates que jamás verá. Supongamos que en vez de escarbar en una suave arena meridional se adentra jornada tras jornada en una peligrosa mina, en medio de un abrasador desierto para rescatar algún codiciado metal sin llegar a comprender para qué sirve. Asumamos que nuestra única posibilidad de supervivencia pasa por dejarle recorrer durante seis horas una extensa, peligrosa y yerma planicie para que traiga el agua necesaria para hoy y quizás mañana. Dejémosle a las puertas de un hotel o fastuoso monumento, junto a nuestro otro bebé aun lactante para recaudar las generosas monedas que hordas de turistas concienciados tengan a bien entregarles. También pueden divertirse hundiendo sus cuerpos en arrozales infestados de serpientes, liar puros o cigarrillos, fabricar ladrillos sin haber oído hablar de la "crisis del ladrillo", insertar piezas microscópicas en teléfonos móviles u otros dispositivos desconocidos para ellos o integrar juguetes ajenos a su existencia pero generadores de ilusión efímera en otros mundos.
Las oportunidades son infinitas en este gran planeta, somos tan creativos, tan productivos... Las grandes corporaciones multinacionales no escatimarán esfuerzos y recursos en la noble tarea de hacernos la vida más fácil y saciar nuestras ansias de consumo.
Por supuesto que no debemos generalizar, la explotación infantil tiene muy diversos grados, el círculo de la pobreza es muy amplio y en ocasiones la economía familiar obliga a hacer partícipes del trabajo a los menores aunque compatibilizando con la escuela, por lo tanto, para ser ecuánime, sólo me atreveré a afirmar, que el trabajo infantil puede ser simplemente malo, peor o terrible.
Si alguien me insinúa, cómo es habitual, que esto siempre ha ocurrido, que nunca hemos estado mejor o que acabar con esta nefanda lacra global es una utopía buenista o demagogia barata, no me molestaré en contestar. No deseo caer en lo de las manzanas y las peras de la exconsejera madrileña de asuntos antisociales pero dejo unas cifras que sin ser comparables son reales y denotan una asimetría sintomática de un sistema que está fallando: 215 millones de niños trabajan mientras 205 millones de adultos censados sufren el desempleo.



Siento no haber dejado hoy margen para el esparcimiento con un entretenido documento visual y me disculpo si he podido herir la sensibilidad de algún lector pero en ocasiones, escribir me duele y así lo debo transmitir, de hecho he omitido de forma consciente tratar la forma más abyecta de abuso de la infancia, mi escasa tolerancia al respecto me impide expresarme con coherencia.
El domingo fue el Día Internacional contra el Trabajo Infantil, reconozco mi escepticismo respecto de este tipo de jornadas conmemorativas, las víctimas suelen desconocer su existencia pero sin ellas, la venda que nos tapa los ojos no permitiría siquiera vislumbrar que no son necesarios Expedientes X para afirmar que la verdad está ahí fuera.
Esta injusticia, cómo tantas otras, conforma un Castillo de Arena que entre todos debemos derruir si no queremos acabar enterrados bajo los escombros de una sociedad enferma.

Midnight at the glassworks (1908)
Declaración de los Derechos del Niño (1959)
Principio 9
El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral.

martes, 17 de mayo de 2011

Mi Mundo

Tierra en claroscuro
Este es mi Mundo, sí, es mio y de todos vosotros, los que me podéis leer y algunos otros seres que no tienen esa capacidad pero lo habitan, disfrutan y desplazan por él sin más cortapisa que su necesidad migratoria. Aves, peces y mamíferos rigen sus migraciones por la necesidad de buscar alimento, una climatología más favorable o un lugar propicio para la reproducción y alumbramiento.
Una carambola biológica provocó que yo existiese, soy una minúscula parte de este planeta que me pertenece tanto cómo yo a él, la casualidad fue caprichosa y provocó que naciese en un lugar que me está permitiendo tener acceso a todas las necesidades básicas para mi supervivencia y la de mi familia, por lo tanto a mi existencia le basta con el sedentarismo para ser viable. Sin embargo, desde niño, mis padres me enseñaron a viajar, y viajé... He conocido treinta y cinco países, una ínfima parte de los que existen y raras veces me he sentido extranjero en ningún lugar, probablemente porque siempre me ha interesado más establecer lazos con sus gentes que las maravillas naturales o monumentales que allí he encontrado. Reconozco, que padezco de cierta atracción fetichista por los sellos de mis pasaportes, siempre me han servido de gatillo para activar los recuerdos perdidos en mi memoria, inmediatamente después de ver un visado, acudo a desempolvar el álbum que contiene las imágenes de aquella experiencia vital. Si no hubiese aduanas yo no tendría estampillas pero cómo nunca he sido un coleccionista muy pertinaz creo que podría prescindir de ello sin pena.
¡Aborrezco las fronteras! Somos la única criatura que ha auto-coartado su libertad con muros y barreras invisibles, supuestamente nuestra especie tiene la singularidad del raciocinio y sin embargo nuestra estupidez es mayúscula.
Ya no sé qué significa mi país, tu nación o su estado, es absolutamente irrelevante, nuestros problemas no tienen nada que ver con eso o más bien, ese es el mayor de nuestros problemas. Hicieron falta dos guerras mundiales para que comenzasen los procesos de unión, primero la ONU en el 45 y luego la CECA en el 51 por nombrar las más conocidas, aquellos hombres (pocas mujeres decidían entonces) tuvieron la valentía de buscar nuevas soluciones y esquemas diplomáticos para cambiar el rumbo del siglo XX y de la historia. Pero la memoria es muy frágil, sobre todo si no se ejercita y especialmente si los que nos gobiernan no ven electoralmente rentable recordarnos el porqué de las cosas y la importancia de estas. Ellos prefieren atemorizar al pueblo, son terroristas intelectuales, es la dominación de la ciudadanía mediante el miedo. El temor al otro, al que viene a quitarnos el empleo, a robarnos nuestro pan, a delinquir, a imponer su religión, a pervertir nuestras costumbres, a contaminar nuestra educación, a congestionar nuestros servicios sanitarios, a usurparnos nuestro espacio para por fin echarnos de nuestra adoradísima patria. Es entonces cuando un neo-Napoleón de noble cuna y origen húngaro sefardí decide que ha llegado el momento de expulsar a los gitanos para demostrar a la plebe que él es el salvador de la patria y no la vástaga de un repugnante neonazi bretón. El pánico también es perfecto para mantener en el poder a caballeros de escasa caballerosidad pero enorme ego y aspiraciones ducescas por no hablar del jubilado cowboy de altos vuelos, escasa cultura y ninguna decencia, nadie sacó mayor rendimiento al horror. A partir de ahí de todo un poco, un iraní alertando del peligro de occidente, dos caribeños acongojando con el imperialismo de los yankees que a su vez dividen norte-américa con un inmenso muro anti espaldas mojadas que ni la Gran Muralla China y hasta un coreano que hipnotiza a su gente con arengas imposibles.
Mención aparte merece la última incorporación a la larga lista de sandeces hipócritas, la que promueve Rasmussen, le llamaré Pérez por lo común de su apellido en ese extraño e insignificante territorio, adalid de las libertades y la calidad de vida, llamado Dinamarca. El tal Pérez ha cerrado las puertas de su reino vikingo, sólo tiene 68 kilómetros de frontera terrestre y una retarguardia de 24 países, pero claro, cómo no achantarse ante una posible invasión islámica. No es baladí, los diez miembros del servicio secreto de Pérez le han alertado de una escalada de delincuencia contrastada, quizás hace dos domingos alguien robó un paraguas en una iglesia de Copenhague y resultó ser turco. Hasta ahí podíamos llegar, por supuesto han sido necesarias medidas excepcionales y ahí siempre está la extrema derecha que noblemente abandona sus tareas de oposición en aras del bien común. Por cierto el partido de Pérez se llama Venstre, el significado literal es izquierda, el grupo político es de centro-derecha desde hace cincuenta años pero así son los nórdicos de civilizados y contradictorios, les encanta la Unión Europea pero con fronteras, sin compartir moneda y a poder ser desunida. Me pregunto qué pretenden, si es participar en Eurovisión que no se preocupen, que se salgan de la unión que vistos los resultados de España podría cederles su plaza, pero si lo que quieren es seguir viviendo en la abundancia con su balanza de comercio exterior positiva basada en la exportación de energía y alimentos, mejor sería si mostrasen algo de solidaridad o de lo contrario quizás habría que dejar de comerciar con ellos. Una nueva era glacial sería por supuesto desastrosa para todos, pero pensar en seis millones de daneses pidiendo asilo en Marruecos me despierta una maliciosa sonrisa, no lo puedo negar. Nos acobardan pero paradójicamente asistimos impertérritos a la agonía de la construcción europea.
Sólo queda seguir enfurecido o luchar por el fin de la cobarde idiotez humana así que esta vez propongo dos vídeos para recuperar la esperanza imaginando con Lennon y el sano bálsamo de la carcajada con Buenafuente, aviso, las comparaciones son odiosas...





Ayer fue 15 de mayo, el partido socialista francés perdía su extravagante alternativa liberal, salía el sondeo que otorga la victoria en Perú a la heredera de un golpista, otra encuesta nos descubría que en Valencia cuanto peor mejor mientras en Madrid se celebraba un extraño San Isidro dominguero de protestas arropado por otras sesenta ciudades. Hoy la Puerta del Sol se asemeja a la Plaza Tahrir y hoy 17 de Mayo de 2011 a la 01.14 de la madrugada llegan ya noticias de la derrota berlusconista en su feudo Milanés y otras tantas ciudades.
¿CÓMO NO SOÑAR? Soñemos, pero más despiertos que nunca, al Movimiento #15M todavía le queda mucha vida y trabajo por delante. Osemos a pedir el fin de las fronteras, nadie debería prohibirnos ir a ningún lugar ni movernos libremente, reivindiquemos nuestra condición animal y nómada, hoy todos somos emigrantes en potencia y nuestra casa es La Tierra. No olvidemos nunca que quién abandona su hogar no lo hace por gusto, en algunas ocasiones son refugiados políticos y en las más deberíamos considerarles/nos refugiados económicos porque en definitiva son/somos víctimas de las represalias del voraz sistema financiero   vigente.

martes, 29 de marzo de 2011

Explicaciones Infantiles

¡Qué complicado resulta esclarecer las cosas cuando no tienen explicación! El pasado fin de semana, sin ir más lejos, me las he visto y deseado para explicarle a mi hijo dos acontecimientos de escasa relevancia para mí pero por lo visto muy importantes para él, estoy seguro de que todos los padres con niños en la edad de los Porqués me entenderán. Lo primero fue sencillo, dejó de salir agua del grifo de su bañera y a pesar de hacerle mucha gracia que le trasladásemos a la ducha de los mayores, necesita una razón coherente para este suceso, el caso tuvo una resolución sencilla, ya entiende que las cosas se rompen y papá no es capaz de arreglarlo todo, sin embargo cada día me reitera su desconcierto pero mis dotes fontaneriles siguen siendo escasas. Lo peor sucedió el Domingo, en esa fatídica fecha tuve que razonarle los motivos por los que debíamos abandonar el parque e irnos a cenar siendo todavía de día, en este caso entré en un laberinto sin salida, resulta frustrante intentar establecer un debate energético con una persona de cuatro años de edad, cuando uno jamás ha llegado a comprender los entresijos del cambio horario que cada año nos sacude las neuronas, él me temo que insistirá hasta obtener respuestas. En ocasiones estos personajillos demuestran una lucidez que para sí quisieran muchos adultos, pero por algún extraño motivo suelen ser los grandes olvidados de todo lo que ocurre en nuestro entorno, cuando son objeto noticioso nunca es para bien y además sólo tenemos acceso al suceso pero nunca a lo que ocurre en el interior de esas maravillosas consciencias aún sin modelar.
"El extraño caso del grifo seco" me recuerda que hace una semana fue el Día Mundial del Agua, la mitad de la población del planeta sigue sin tener acceso a ella y a diario fallecen 4.500 niños por causas directamente relacionadas con esta carencia. Imaginemos, si es posible, cómo desembrollar semejante paradoja para que la comprenda un menor:
- "Hijo mio, somos seres humanos y necesitamos este liquido para sobrevivir"
- "Y entonces, por qué no hay en el poblado papá"
- "Porque es así cariño..."
Con un poco de suerte, este crío (o cría en la mayoría de los casos) prescindirá de ir a la escuela o jugar, para dedicar la jornada a llegar a un lejano pozo no contaminado que le permita subsistir.
Quizás este titánico esfuerzo sea recompensado con una vida larga y dichosa, sería desde luego justo y deseable. Desgraciadamente tenemos que contemplar la posibilidad real de que la salud del chiquillo sólo sirva para ser reclutado por algún desalmado, pasando así a engrosar la lista de 300.000 infantes guerrilleros que actualmente participan en alguno de los conflictos armados que enrolan menores:
-"Toma tu nuevo juguete..."
-"¿Qué es?"
-"Se llama Kalashnikov y sirve para matar."
-"¿Por qué?"
-"Porque son las reglas"
Puede que nuestro niño sobreviva a esta infamia y regrese ya cómo adulto a su poblado y a lo peor allí ya no encontrará a su hermana porque un día llegaron unos soldados como él para arrancarle la infancia y la vida. Por lo menos sus padres en este caso no tuvieron que enfrentarse a la terrorífica pregunta, ella nunca tuvo ocasión de hacerla.
No tengo ingenio para inventar esta terrible historia de preguntas sin respuesta, simplemente es real, está sucediendo hoy mismo, mientras escribo, en infinidad de lugares, miles de niños sobreviven aterrorizados, sin agua, sin luz, sin casa, bajo las bombas o entre zumbidos de bala.
Pertenecemos al primer mundo, somos como corredores en cabeza que no miran nunca a los que vienen detrás, puede que todo esto nos quede muy lejano, también puede que se me tilde de agorero. De ser así, pensemos en los 100.000 niños desplazados y sin hogar a causa del seísmo de Japón, en el mejor de los casos conservan sus familias pero explicarles el desastre será ardua tarea para sus tiernas mentes, yo desde luego no sé si sería capaz de aclararle sus dudas sin saber afrontar la nueva realidad y a sabiendas de que diga lo que diga su escala de valores y seguridades ya nunca será la misma que yo tuve. Ojalá fuese como aquel imaginativo padre de "La Vida es Bella" pero no lo soy.
¿Cómo explicarle a un niño huérfano que vaga por las calles de Puerto Príncipe que no puede ser adoptado porque farragosas aunque necesarias leyes lo complican? Imposible, él nunca lo entendería sobre todo si le cuentas que el tráfico ilegal sí funciona. Pero en ocasiones, la justicia se quita la venda para poder ver la realidad, y como ocurrió hace pocos días permite que una niña pueda seguir recibiendo el cariño de los únicos padres que de verdad conoce, la utopía, en ocasiones, se abre camino.
Debo reconocer la dificultad que me supone escribir sobre cualquier tema relacionado con la infancia y por ello me disculpo por lo anárquico del post y la excesiva dureza del mismo. Para compensar, lo ilustraré esta semana con el teaser de la pelíula "Princesa de África", una obra de arte dirigida por Juan Laguna y producida por Bereberia que demuestra que las realidades más complejas pueden convertir algunos sueños en realidad  y que los niños necesitan poco para ser felices.



Ya ha llegado a España el alegato ¡Indignaos! de Stéphane Hessel, no he tenido ocasión aún de leerlo, espero hacerlo pronto y comentarlo, mientras tanto me limitaré a parafrasear su título: Indignémonos de una maldita vez, gritemos, exijamos lo mínimo exigible, démonos cuenta de que no podemos permitirnos hechos que no se puedan explicar con simpleza a un niño, esa debiera ser la premisa.

martes, 22 de marzo de 2011

Dudas

Le Penseur - Auguste Rodin
Siento que soy un tipo enormemente afortunado, no porque luzca el sol y haya comenzado la primavera, cómo ya planteé una vez, tengo la suerte de estar rodeado de seres heterogéneos que fomentan mi afición a dudar de todo y replantearme hasta la más ínfima de mis convicciones, esto que ya sucedía en mi vida real se ha visto multiplicado en mi vida virtual con herramientas cómo Twitter. Durante estas últimas semanas pienso mucho en esto, en términos globales, la evolución de los hechos que estamos presenciando ha provocado oscilaciones y giros en mis planteamientos iniciales, a nivel particular, algunos acontecimientos me han llevado a encrucijadas que me dirigen hacía caminos, hasta hace poco insospechados. Hoy mismo, con tantos frentes abiertos, no sé de qué escribir así que optaré por recapitular algunas dudas, a ver si hay suerte y alguien me las amplía.
Para empezar y con el objeto de darme a conocer un poco más y así facilitar una mejor comprensión de mis titubeos, haré una confesión pública: soy agnóstico a causa de mi carácter dubitativo, nunca me he atrevido a afirmar o negar con rotundidad la existencia de un dios y por lo tanto, aunque muy interesado en el fenómeno, prefiero mantenerme en el limbo de la duda eterna.
Entrando ya en temas mundanos, reconozco que en sólo tres días he pasado de defender con vehemencia la intervención en Libia a desconfiar de la misma, creo que el pueblo necesita nuestro apoyo pero al mismo tiempo parece evidente que nuestra ayuda tiene un precio petrolífero y que nuestras armas son del mismo modelo que las que le hemos vendido al dictador durante décadas. Además resulta muy chocante la posición de nuestra Ministra de Exteriores, por no hablar del resto, trata de convencernos de la idoneidad de la acción pero a la vez consiente que los Saudíes aplasten a los revolucionarios Bahreinis o que los Yemenís se apañen solos. En este punto, sólo cabe desear una intervención rápida y lo menos lesiva para sus ciudadanos y agradecer a mis queridos tuiteros (ellos ya saben) su valioso criterio en el debate, gracias a ellos amplio miras y sigo felizmente indeciso aunque bastante convencido de que esto se parece a Irak igual que un huevo a una castaña.
Otra de las desgracias del mes ha puesto en primera línea informativa a la energía atómica, en este caso he de reconocer que estoy gratamente sorprendido y no entiendo porque la OCDE nos sigue suspendiendo año tras año en el informe PISA, a ver si se enteran de que en este país todo el mundo es físico nuclear y experto en energía salvo yo. Parece claro que es una forma de generación eléctrica sucia y peligrosa, lo cierto es que no me agrada, pero da la impresión de que a corto plazo no existen muchas alternativas, puede que lo lógico sea trabajar por el futuro y buscar soluciones menos mortales, yo seguiré meditabundo escuchando las elevadas reflexiones que al respecto surgen en los bares durante el descanso del Madrid-Atleti y sobre todo pendiente de la opinión de los sabelotodo que cada día sientan cátedra
Por otro lado se aproxima velozmente un proceso electoral y al mismo ritmo se tambalean mis ideales más arraigados, siempre interioricé cómo una obligación cívica y democrática el ejercicio del voto pero hoy me pregunto con gran pena si en esta ocasión no sería más razonable abstenerse, puede que se hayan hecho merecedores de unas urnas vacías, desde luego se lo han trabajado. Me leo y no me reconozco así que permaneceré hesitabundo (no sé si existe el palabro pero me ha gustado) hasta el último momento, mientras tanto me encantaría que algún Gurú (es curioso que Bluf tenga también cuatro letras) me explicase, cómo se entiende que tras décadas de autocracia y una revolución modélica, el 60% de los egipcios haya decidido no expresar su opinión en el referéndum del Domingo. Yo no lo comprendo y me preocupa.
Son tantas cosas, las que me producen vacilación y perplejidad que no me gustaría dejarme ninguna. Sigo sin saber si mi vecina de arriba es mala persona o está enferma, si mi moto es un trasto o se ha gripado por mi ineptitud cómo piloto, si mis dos últimos proyectos creativos son una bazofia o el culmen del talento, si los del Banco que ya sabéis son mangantes o simplemente incompetentes, si son algunos amigos míos los que no me llaman o yo el que no les llama a ellos o si los que ostentan el poder son los que realmente lo merecen.
No tengo ni idea, pero mientras dudo me sigue asombrando y entristeciendo la sabiduría de los todólogos (no cito al inventor del término porque lo desconozco pero enhorabuena si estás ahí) y la arrogancia de los políticos, no hay más que ver sus perfiles sociales con miles de seguidores y los poquísimos seguidos siempre de su misma cuerda, ojalá hablasen menos y escuchasen más. Mi Abuelo tuvo la desgracia de participar en una guerra que le marcó y siempre decía que había que conocer al enemigo en profundidad, yo prefiero utilizar los términos adversario o discrepante, pero el concepto lo comparto. No me quedaría a gusto, si no mencionase el placer masoquista que me producen las certezas de algún celebérrimo periodista y los chapuzones nocturnos de ciertos gatos de yeso. No sé si es peor ser idiota a conciencia o morir en la ignorancia de tu propia condición, ni eso tengo claro.
¿Será posible que de la Duda surja el matiz y del matiz nazca la verdad? Quizás sea una utopía, pero lo dudo.


Lo que es casi seguro, cómo nos recuerda hoy Forges en El País, es que las guerras son siempre terribles y que el auténtico valor no lo dan las armas, este antiguo vídeo, para mi simboliza el coraje, observad las caras y decidme quién tiene más miedo...

miércoles, 9 de febrero de 2011

Rupturas

Nací en España, no me siento orgulloso de ello ni todo lo contrario. Debo reconocer que fue un golpe de suerte, el único hecho que se puede calificar así con todos sus matices a lo largo de la vida, no sé si es una casualidad biológica o cósmica, pero aunque es cierto que  probablemente hay sitios mejores para nacer, con toda seguridad hay lugares mucho peores en los que la falta de oportunidades marcan tu existencia.
No soy nacionalista, no tengo ese sentimiento, creo entender los motivos por los que algunas personas sí lo profesan y lo respeto pero a mi no me ocurre, además padezco banderofobia, esto es así y tampoco conozco el motivo. Como en casi todo, siempre hay una excepción, reconozco que la bandera europea no me produce temor, quizás porque la veo poco, porque el azul me sosiega, porque representa el internacionalismo, a lo mejor por la perfección del número doce o por la mismísima influencia de la Inmaculada Concepción, todo es posible. Quiero dejar claro, si no lo está ya, que no soy historiador, tampoco economista ni experto en política internacional y sin embargo creo que el establecimiento de las fronteras está basado también en hechos puramente casuales, pueden ser geográficos, políticos o religiosos pero son aleatorios y muchas veces circunstanciales.
Estamos en la era del crowdsourcing, gracias a la Red, el fenómeno de la inteligencia colectiva se ha convertido en una realidad palpable, cultural y económicamente beneficiosa. Hemos visto como se ha construido Linux, un sistema operativo eficiente desarrollado gracias a la colaboración y capacidad colectiva de cientos de programadores trabajando en paralelo. Hemos asistido a la creación de Wikipedia, la mayor y más difundida enciclopedia que se recuerda, basada en la cooperación de los usuarios, aún no exenta de algunas dificultades, no podemos negar que se ha convertido en una herramienta de consulta muy útil. Por no hablar de YouTube, una empresa rentable fundamentada en la creatividad global y retroalimentada por sus consumidores. Estos tres ejemplos nos deberían por lo menos llevar a reflexionar sobre si es mejor estar juntos o separados. Para que nadie abandone la lectura en este momento, un aviso a navegantes: no pienso hablar sobre el caso español que no tiene ninguna trascendencia a nivel global y a mi me aburre soberanamente (derivado de soberanía).
Durante estos días convulsos en el mundo Árabe, ha pasado bastante desapercibido el proceso de segregación en Sudán, finalmente, tras el referéndum de independencia amparado por la ONU y patrocinado por occidente, este verano nacerá un nuevo estado llamado Sudán del Sur. Este hecho ha sido, en general,  valorado muy positivamente por poner fin a décadas de guerra civil pero yo albergo dudas. Al sur nos encontraremos un país cristiano y rico en recursos naturales (turismo) y energéticos (gas, petróleo, metales, etc) que sin embargo no tiene capacidad económica ni estrucutural para explotarlos. En el norte, hallaremos un estado islámico, mucho más sólido históricamente y con infraestructuras de las que siempre dependerán los del sur para, por ejemplo, refinar hidrocarburos. O quizás no, tengo la impresión de que el afán por separar definitivamente a ambos viene de un interés lucrativo exterior por controlar la zona, temo que esta pacífica y suave tormenta se puede transformar en tempestad antes de lo sospechado. Durante milenios, estos parajes formaban parte del imperio egipcio, una enorme potencia global, sin duda con muchas desigualdades y por supuesto salvando las distancias, fueron muy productivos y creativos. Como he intentado explicar con la analogía de Internet, creo que la unión libre y la convivencia nos hace más fuertes, sospecho que la Unión Africana también lo piensa, o por lo menos eso se trasluce de su proyecto supranacional de los Estados Unidos de África. En definitiva, la historia nos demuestra que las rupturas en otros países como Vietnam, Yemen, Corea o Alemania trajeron años de tristeza y amargura que contrastaron con la algarabía de las reunificaciones.

Al ver estas imágenes no puedo más que seguir dudando cada vez que se deshace un estado y me pregunto cómo conviven en un mismo tiempo la integración y la desmembración.
Hoy me acuesto soñando con un utópico estado ibérico, demográficamente potente, industrial y tecnológicamente desarrollado, exportador nato, líder en renovables, punto de encuentro con África y con salidas al Mediterráneo y al Atlántico. Las cosas tomaron otros derroteros, pero quizás hoy seríamos menos permeables a las crisis.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Don Escucho y Don Oigo

Función de las orejas: escuchar
O elogio a la normalidad...
Don Escucho era un hombre básicamente normal desde sus orígenes, tenía unos hijos normales, una mujer normal, un coche utilitario y una casa discreta pero cómoda. Como muchas otras personas, Don Escucho ejercía una profesión que le llenaba y entretenía, en el desarrollo de la misma se encontraba bastante cómodo y satisfecho porque técnicamente la controlaba y porque era muy consciente de que no todo el mundo tenía la suerte de encontrar una vocación y dedicarse a ella. En muchas ocasiones a lo largo de su vida encontró otros profesionales de su sector con unos conocimientos muchos más profundos que los suyos pero tuvo la gran fortuna de poder rodearse de ellos y poco a poco, fruto de la atención prestada, lo mejor de cada uno se le fue pegando y se convirtió en un eficiente y preparado trabajador, aunque él nunca llegó a estar convencido de ello , se sentía bien. En el camino, fue encontrando amigos de lo más diversos que le querían tanto como él a ellos, la heterogeneidad de su entorno trajo largas e inolvidables veladas con debates tan intensos como moderados que dotaron a Don Escucho de una curiosidad sin límites, al final de sus días había adquirido un espíritu casi renacentista que él nunca fue consciente de tener. Lo malo es que por el camino se quedaron las certezas absolutas y todos aquellos que un día le acompañaron pero que nunca se libraron de ellas. Su mujer y él siguieron caminando entre incertidumbres y pequeñas pero intensas alegrías cada vez que alcanzaban sus sencillas metas volantes y emprendían nuevos e interesantes retos vitales e intelectuales. Sus hijos también crecían y se formaban, aunque al principio deambulaban entre notas mediocres y no brillaban ni en ciencias ni en deportes, Don Escucho no tuvo que darles muchos consejos, cosa habitual por cierto, siempre pensó que no era nadie para aconsejar nada salvo que se lo solicitarán abiertamente. Los chicos eran muy atentos, respetuosos y observadores, así descubrieron pronto sus virtudes y defectos y pudieron potenciar sus aptitudes y descartar sus limitaciones, a la edad adulta ya habían conseguido ser personas normales. La familia de Don Escucho, evolucionó siempre, nunca se estancó, cambió de opinión cientos de veces, retrocedió otros cientos y entre giros, dudas, cariño, argumentos y mucha atención al entorno encontró una plenitud muy inusual. Nunca lo supieron, pero su normalidad siempre les hizo ser muy poco comunes.
Don Oigo por su lado era un fulano excelso en todo lo que hacía, o por lo menos, eso es lo él pensaba, su esposa era inigualable, sus hijos brillantes y de sus coches y casas mejor no hablar porque ya lo hacía él. Siempre fue un hombre con don de gentes, él así lo creía, en su entorno laboral sentaba cátedra, siempre prefirió rodearse de compañeros que él consideraba inferiores para evitar posibles atropellos. En el ámbito personal se explayaba en grandes y virulentos soliloquios que sólo interrumpía para pensar en sus próximas palabras, ese era el momento que aprovechaban los demás para matizar, pero él nunca lo supo. Poco a poco sus virtudes se fueron difuminando entre nubes de soberbia. Un día su esposa le dijo que tenían que hablar pero fue él quien habló y su matrimonio se terminó. Paulatinamente, sus amigos más interesantes se fueron alejando, no pudieron aguantar más el "Tú lo que tienes que hacer es..." que solía introducir alguna de sus grandilocuentes recomendaciones que nadie pedía. ¿Hay algo más tóxico que esas palabras? Sus vástagos también le abandonaron, hastiados del "Tú padre sabe lo que dice" y sobre todo hartos de ser unos desconocidos para él, nunca llegó a saber el nombre de sus novias a pesar de habérselos dicho. Don Oigo, por fin,  se quedó sólo, feliz por haberse librado de todo aquél lastre que le impedía desarrollarse y convencido de que los grandes siempre son unos incomprendidos. Se comenta que tiempo después se encontró con Don Escucho, en tiempos habían sido compañeros de pupitre, este le intentó explicar que su familia había quedado en una situación ruinosa por no haber seguido las propuestas de su asesor financiero,  él no las recordaba, sólo respondió "Tú lo que tienes que hacer es lo que he hecho yo". De Don Oigo, nunca más se supo y esta historia no tiene moraleja porque cada uno que la lea, oiga o escuche sacará la suya propia.

Últimamente suelo tener un sueño recurrente e irreal en el que sólo hay individuos que defienden sus ideas sin alzar la voz y que escuchan con atención las de los demás.
Hace tiempo me percaté de que cuando hablas un idioma extranjero, tus capacidades de expresión mejoran notablemente si el interlocutor es nativo, contrariamente, cuando mantienes una conversación, por ejemplo en Inglés, con una persona de marcado acento bielorruso, el tuyo propio se ve afectado y no consigues la fluidez habitual. Esta constatación me sugirió nuevos interrogantes, me pregunté si nuestra propia capacidad de elocución está en todos los casos relacionada con la actitud del auditorio al que nos dirigimos y también si nuestra capacidad de respuesta y argumentación se ve afectada por el tratamiento previo que le han dado los demás a un asunto. Desde entonces estoy atenazado por un complejo de semiólogo frustrado que está derivando en una fobia incontrolable a la cacofonía y voy de mal en peor, pero estoy casi seguro de que esto funciona así, todos somos Don Escucho y Don Oigo en alguna ocasión. La verborragia es altamente contagiosa cuando nos encontramos entre contertulios boceras y aconsejadores profesionales, aún aspirando a convertirme en Don Escucho a menudo me descubro exponiendo ideas a voz en grito con las que ni siquiera me identifico.
Ojalá Mubarak, Ben Ali y otros tantos de sus congéneres fueran como este ficticio héroe normal, si cuando tocaba se hubiesen tomado un tiempo para escuchar a sus gentes, hoy otro gallo nos cantaría. A mi me importa muy poco lo que les pase a estos ególatras dictadores u otros monarcas absolutistas, lo que me desvela es lo que les pueda ocurrir a estos desvalidos pueblos, esperemos que puedan conseguir la anhelada y para ellos utópica democracia pero no sé por qué me temo que les/nos espera un futuro algo más incierto. Confío en que algún presidente, ministro, empresario, banquero, jefazo, hermano, tío, abuelo o amigo pueda dedicar algún tiempo a esta fábula, yo se la leeré a mis hijos y por lo menos tengo por seguro que se dormirán. ¿Y quién no?