jueves, 27 de septiembre de 2012

Propósitos y precipitaciones

25 de septiembre 2012: una jornada borrascosa 
Hace una semana puse fin a un paréntesis que me sirvió para re-ubicarme, preocuparme de lo mío, despreocuparme de lo nuestro y dejar de torturarme unos días con la frustración que provocan las consecuciones utópicas que parecen no llegar nunca. Regresé al cole turbutópico con un tupper lleno de buenos y malos propósitos que, aún sin saber si podré calentar, trataré de digerir y hacer digerir de la mejor manera posible sin enfriar demasiado el alma ni perder demasiados amigos en el camino.

Me propongo no creer nada de lo que los representantes de un sistema democrático antiguo y desvencijado me propongan porque si ya no me fío de la solidez de un edificio ruinoso sería ilógico pensar que un par de ladrillos aparentemente resistentes me librasen de morir enterrado bajo un amasijo de escombros. Aquí sólo hay unos que pretenden gobernar cuando lo hacen, y cuando no, también, porque en realidad hace tiempo que jamás gobiernan aunque tengan la falsa sensación de hacerlo. Otros buscan consolidar partidos sin ideología o ideologías sin partido, por no hablar de los que recurren a soluciones retrógradas y obsoletas, nacionalistas sin más nación que unas siglas con escaso valor semántico.

No me siento ya obligado a respetar a nadie que no respete mi inteligencia. Puedo tolerar que me toquen el bolsillo, que masacren el colegio de mis hijos, que pongan en peligro la salud de mi familia, que perviertan los valores de una sociedad según los dictámenes de una secta o malgasten nuestros recursos en proyectos faraónicos ya de inicio caducos. Lo que no voy a consentir es que me digan que no hacen lo que hacen y traten de arrebatarme el derecho a la pataleta y al insulto. Sí, me propongo insultar sin piedad igual que ellos insultan a mis entendederas cuando las suyas no valdrían para hacer nada más que lo que hacen que es nada.

La mayoría hemos regresado ya, si vivís en una gran ciudad dedicad un instante a mirar el rostro de las personas que os cruzáis, yo lo he hecho, lo sigo haciendo. Si tenéis la fortuna de viajar, comparad los rostros que veis con los que encontrasteis este verano en otros lugares. Entonces puede que os surja una pregunta: ¿Sigue siendo el nuestro, el país de la alegría? Veo tensión, tristeza, aspereza, enfado, angustia y fatiga pero no lo constaté hasta que en otro lugar, con no menos problemas que los nuestros, percibí todo lo contrario.

Ayer hubo Asamblea General de Naciones Unidas, lugar elegido por muchos para apuntarse con el dedo, escenificar chantajes, pregonar amenazas, verbalizar memeces y acentuar cismas culturales. En ese marco se estrenaba nuestro flamante Presidente del Gobierno lloriqueando un puesto fijo en el Consejo de Seguridad y declamando un "oportuno" discurso sobre Gibraltar , sin duda dos de los grandes temas que tanto preocupan a los españoles. Así comienza nuestra carrera hacia la reconquista de La Roca, quizá en un futuro tengamos el orgullo de decir que somos el único país del hemisferio norte, que cuenta con primates - mejorando los presentes - entre su fauna autóctona. Puede que para entonces el neo-secesionista catalán de turno haya conseguido independizar a su país de ninguna parte y en ese nuevo contexto global ande ya mendigando su silla en la ONU. Me permito en este punto una pequeña sugerencia, puestos a malgastar el tiempo en idioteces, yo me jugaba el todo por el todo y me independizaba del planeta Tierra, este lugar será en poco tiempo incompatible con la vida si sigue siendo gobernado por deficientes emocionales.

Al fin y al cabo no deberíamos marcarnos grandes propósitos para el nuevo curso, han llegado ya las primeras precipitaciones otoñales mientras los poderes políticos que creen dirigir el mundo siguen tomando decisiones precipitadas, ilógicas y esperpénticas. Después, satisfechos por el trabajo bien hecho - estos tipos hace tiempo que perdieron a su abuela - se fuman un puro mientras caminan por una gran avenida o se reúnen con monarcas a los que horas antes han lanzado el guante. Mientras la voz de la calle siga sin llegar a un parlamento estanco e insonorizado, el único gran propósito que debiéramos tener todos es denunciar sin descanso la carrera de majaderías galopantes hacía ninguna parte que han emprendido aquellos que hoy reclaman la legimitad obtenida en las urnas hace ya demasiado tiempo.

Mi propósito no es ofender pero tampoco temo precipitarme si afirmo que muchos de estos señores y señoras, diputados y diputadas, nacionales y regionales, nos engañaron al presentar sus credenciales. Cierto es que los contratamos hace pocos meses, pero como bien sabe la Ministra de Empleo, nadie debería  aguardar cuatro años para despedir a un trabajador manifiestamente incompetente y si no podemos demostrar su incompetencia, la indemnización, en todo caso, nos saldrá barata. Yo ya no me siento representado por ningún grupo de ese parlamento, reconozco cierta estima e incluso respeto profesional por alguno de los individuos que allí se sientan, pero es que esta lucha  también debe servir para que, en un futuro, adquieran mayor legitimidad para poder desarrollar su trabajo en mejores condiciones democráticas.

A los "representantes": ¿Respetar la voluntad popular? Yo voté, ocuparon su escaño, me engañaron y hace dos días se lo dije desde Neptuno y se lo seguiré diciendo: ¡Respétenme ustedes! O sigan con sus despropósitos pero no sueñen con que yo abandone mis propósitos.

A los demás: ¡Feliz tormenta!





jueves, 20 de septiembre de 2012

En este momento...

En este momento la noche podría estar abriendo,
es algo que suele suceder en un momento...
En este momento, masas enfurecidas acosan embajadas occidentales en Jartum por un vídeo que nadie ha visto mientras en Sudán del Sur los refugiados se hacinan en campos fronterizos, sucumben a epidemias y se preguntan si es que la guerra civil en ciernes entre los dos "Sudanes" se ha paralizado al llegar el infiel enemigo común.

En este momento, una treintena de países a lo largo y ancho de África y Asia recorren un camino sin retorno hacía un radicalismo que les traerá más de lo mismo, sufrimiento, pobreza, escasez democrática y un futuro incierto. En este momento me acuerdo de aquella vilipendiada Alianza de Civilizaciones, una iniciativa que no dejaron ni nacer, ridiculizándola hasta el absurdo cuando ya entonces teníamos pistas de que bien llevada podría haber sido una herramienta de gran utilidad diplomática. En vez de eso lo que tenemos es un embajador asesinado en Libia, lo que sin duda complica el asunto.

En este momento, cerca del Estrecho de Gibraltar, liberamos islotes de dudoso valor estratégico y nulo valor sentimental. A la vez, el control de otras islas en el Mar de China provoca un choque de gigantes en Asia que aprovechan para dirimir viejas rencillas mientras el arbitro de la contienda, los Estados Unidos de América, pacta nuevos escudos antimisiles en la zona y aprovecha para denunciar las prácticas comerciales de uno de los contendientes por competencia desleal, curioso arbitraje el suyo. A buenas horas, mangas verdes. Además de eso, nos encontramos con otro embajador "accidentalmente" fallecido en Japón, lo que sin duda complica el asunto.

En este momento, unos cuantos kilómetros al sur de los islotes que nos afanamos en rescatar en el Mediterráneo, el radicalismo, el mismo del que hablaba al comienzo, se hace cada vez más fuerte en el norte de África, la música ya no suena en gran parte de Malí y las mujeres ya han perdido sus derechos más básicos porque los talibanes saharianos ya han comenzado a aplicar las inverosímiles leyes que les dicta un dios o alguna extraña enfermedad mental. Afortunadamente no todo es malo allí, la cosecha en la zona del Sahel ha sido buena y ya "sólo" un 20% de la población de ese inmenso territorio pasará hambre, la mortalidad infantil también se reducirá, no fallecerán por causas directamente relacionas con la desnutrición más de 250.000 niños, todo un avance. Sin embargo, todo indica que la zona se convertirá en el frente de vanguardia o retaguardia -según se mire - de la próxima guerra santa que se avecina con "occidente"  y entonces ya nada importará.

Todo esto en el mismo momento en que nuestra deuda no hace más que crecer, nuestra producción no hace más que decrecer, nuestros Medios no hacen más que embrutecer, nuestra Europa no hace más que envejecer y nuestra obsoleta democracia no hace más que ensombrecer la extraordinaria evolución tecnológica que hemos sido capaces de desarrollar. Es un último intento, a la desesperada, de impedir que la tecnología se extienda y obligue a cambiar para siempre estructuras, conceptos y personas que desean  nadar a su antojo en las tranquilas aguas  de su pantano reaccionario a pesar de que la presa que lo contiene presenta ya señales evidentes de desgaste y más de una grieta.

Y, por supuesto, en este momento, Catalina de Inglaterra llora porque le han visto media teta, Esperanza de Madrid llora mientras nos abandona sin decir por qué y Cristiano el portugués llora como llorón que es. Nada más lejos de mi intención que olvidar las noticias que de verdad importan y provocarán sin duda un giro histórico en el devenir de la humanidad.

También es posible, que en este momento ya haya alguien, con las ideas claras, que sepa lo que se debe hacer y cómo hacerlo. Puede ser, que en este momento, ese alguien, seamos muchos, todos aquellos que hemos decidido salir de esa oscura caverna en la que durante años habitamos, no ya sin ser capaces jamás de adentrarnos en la caverna vecina sino sin ni siquiera haber echado nunca un vistazo a la amplitud del mundo exterior. Creo que este puede ser un momento excelente para dejar de ser de algo, de alguien, de esto o de aquello y comenzar, simplemente, a Ser y percibir que otros también Son.

En el arranque de esta nueva temporada turbutópica prefiero quedarme con la ilusión despierta de no estar asistiendo al fin de un momento sino sólo protagonizando el inicio del siguiente aunque de momento no lo sepamos. Veremos.
Fin del paréntesis.



PD: Debo añadir hoy un largo posdata para dedicar este artículo a Santiago Carrillo, también en este mismo momento en que yo escribía, él apuraba los últimos instantes de una intensa vida que a más de uno nos gustaría vivir. Podríamos preguntarnos qué hacer ahora, yo no lo sé pero sí sé que tenemos grandes retos por delante y que con la mitad de su ímpetu y compromiso social deberíamos ser capaces de casi todo. Dijo Abraham Lincoln que no importan los años que vivas sino la vida que pueble esos años, Santiago Carrillo gozó de ambas cosas y por eso es falso que haya muerto porque ninguna persona muere del todo mientras siga inspirando a otra el camino que debe seguir, para mí siempre será un referente. 
Descanse en Paz Camarada.

jueves, 16 de agosto de 2012

Paréntesis

Entre paréntesis...
Llegó el momento de abrir un paréntesis. Debo abrirlo porque puedo abrirlo, soy afortunado. Ha llegado el turno de mi familia, son ellos quienes ahora me necesitan, a la vista está que deben necesitarme mucho menos que la empresa que me paga, o puede que el escaso tiempo que pasamos juntos sea comparativamente más productivo y eficiente que el laboral. En fin, mañana apretaré el botón de "pausa", ya que aún conservo mi trabajo podré hacerlo pero no olvidaré lo que me espera a mi regreso, nuestro regreso.

Cuando volvamos de vacaciones nos encontraremos de nuevo con más de cinco millones de amigos, vecinos o familiares que no han podido descansar porque no tenían de qué hacerlo a pesar de no existir peor cansancio que el de caminar sin rumbo, sin saber adónde vamos, cuándo llegaremos y cuántos más obstáculos encontraremos por el camino. Puede también que en el mejor de los casos, muchos de ellos hayan dedicado el estío a trabajar, recuperando la rutina añorada y ahora se reencuentren con la dura realidad del no-descanso permanente.

Regresaremos y quizás nos sorprenda leer algún estudio de la Confederación Española de Heladeros confirmando la extraña bajada en el consumo de este veraniego manjar, entonces puede que recordemos que 17 de cada 100 niños españoles han de conformarse con comer lo básico, están empezando a descubrir lo que significa la pobreza.

Encontraremos los coles vacíos porque los profesores no tienen más remedio que enfrentarse y protestar por el bien de nuestros hijos, los abuelos jubilados volverán a su trabajo no remunerado, cuidar y educar a sus nietos. Así, llegará el invierno y se repetirá la lucha del curso anterior por tener calefacción en las aulas, llegarán los Reyes de Oriente con menos regalos que nunca mientras nosotros seguimos tan desorientados como siempre.

Tendremos que acostumbrarnos a las nuevas modas, dicen que en la temporada otoño-invierno primará el material escolar vintage, los cuadernos reciclados y los peinados en boga serán las greñas desaliñadas o trasquilones caseros, a gusto del no-consumidor. También estarán muy de moda las epidemias otrora erradicadas y las salas de cine y teatro okupadas o reconvertidas en centros de distribución de Inditex o Mercadona. Seguiremos viendo como decrece el consumo de primera necesidad mientras sigue aumentando el del lujo, se difuminará un poco más la clase media y por fin seremos ese país de contrastes que tan llamativo resulta y tanto entusiasma al turista baratero, una nación de ricos muy ricos y pobres muy pobres.

Y todo ello gracias a que dentro de pocos días...

Volverán nuestros óscuros golondrinos
en nuestras Cortes sus culos a posar,
y, otra vez, con vergüenza a Europa 
rogando llamarán;
pero aquellas revoluciones que el aire refrescaban,
su impostura y nuestra dicha al contemplar,
aquellas revoluciones que aprendieron nuestros nombres...
    ésas... ¡No volverán!  (¿O sí?)

Pero eso será a la vuelta y sólo será si lo consentimos, por ahora abramos un paréntesis y por favor, no llaméis tanto al gobierno, no reprobéis sus vacaciones porque en su caso lo importante no es volver, lo fundamental sería que se quedaran. A los incrédulos, a los que creen que ciertas instituciones y personas son imprescindibles, les convendría preguntar a un belga, uno de esos que añoran ese año y medio en que vivieron sin gobierno. Yo lo he hecho y me han confirmado que pocas veces fueron tan felices y casi nunca funcionaron las cosas mejor.

(Abro un paréntesis para soñar con democracias cooperativas, economías solidarias, sistemas políticos comunitarios y quizás federalismo europeo. Utopías alcanzables en tiempos turbulentos, al fin y al cabo...)

Por supuesto quien desee regresar para seguir persiguiendo un Conejo Blanco cual Alicia, es libre de hacerlo...


PD: Valgan mis disculpas a Gustavo Adolfo Bécquer y herederos por la tropelía cometida con su rima.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¡Pregúnteme!

Ha llovido demasiado como para que no nos pregunten...
Estimado Legislador,


Esta mañana, en puertas de uno de los veranos más tristes de nuestra historia reciente, reflexionaba una vez más sobre lo que nos ocurre y una vez más concluía que son tantas cosas que resulta difícil conformar una única idea general y mucho menos una solución de Fierabrás. Sin embargo, hoy le escribo para trasladarle una sola preocupación que me atormenta y que a continuación intentaré exponer.


Es ya de dominio público que este país atraviesa graves problemas, estamos en un momento clave en el que sin duda debemos afrontar un dilema similar a la cuadratura del círculo. Simplificando podemos decir que carecemos de una estructura industrial que nos permita generar ingresos y absorber empleo y por otro tenemos un exceso de gastos que nos lleva inexorablemente a la bancarrota ya que nos impide invertir en investigación para construir la estructura económica necesaria. El círculo vicioso está por tanto claro y por supuesto, nada más lejos de mi intención que hacerle a usted culpable de toda su ominosa circunferencia, no se trata ya tanto de buscar culpas como de encontrar soluciones, dejemos entonces de lado el tema de las desdichadas gestiones políticas que nos han llevado a no disponer de ingresos y centrémonos en el soporte legislativo que ha permitido que gastemos tanto y malgastemos más.


Usted se enfrentó en 1978 a un reto histórico, construir una Constitución que anclase los cimientos de una democracia creíble y resistente a la inefable querencia hispana al ordeno y mando. Es más, en este caso, a diferencia de las débiles bases legales de nuestra economía insostenible, usted sí puso empeño y sabiduría para conseguir que esta Ley Fundamental fuera sostenible en el tiempo -disculpe la reiteración pero como bien sabrá la sostenibilidad, no reconocida por mi corrector ortográfico, está en boga y yo soy muy de ironizar con ella -. Esto no es criticable y le agradezco el esfuerzo,  lo que no es óbice para que hoy me permita reprenderle, usted ha perdido el Norte hace tiempo y con la inestimable ayuda de algunos medios de comunicación ha logrado confundir lo sostenible con lo permanente. Nada es inalterable, Sr. Legislador, ni siquiera un marcador de fútbol aunque algunos comentaristas se empeñen en afirmarlo domingo tras domingo.


Usted, en efecto se ha creído que nuestra Carta Magna es eterna, quiero creer que lo ha creído porque en caso contrario creería que su empeño en hacérnoslo creer sería perverso. Pues no, Sr. Legislador, nuestra Constitución no es omniscia, ni infalible, ni mucho menos, garantía de salud democrática. Como le decía al comienzo, esta mañana me he dado cuenta de algo que me ha hecho reflexionar. ¿Sabe usted que el 65% de la población española no tuvo nada que ver con su elaboración o refrendo? Yo pertenezco a ese 25% de la sociedad que se supone sostiene lo que queda del Estado de Bienestar (aquellos que estamos entre 30 y 45 años, no lo digo yo, lo dicen sus estadísticas) y mi relación con su constitución es muy lejana. Pero no soy el único, todo aquél que sea menor de 52 años no ha tenido jamás la ocasión de opinar al respecto, más allá de emitir un voto cada cierto tiempo para consolidar un sistema que a todas luces está tocado y esto, Sr. Legislador, tiene que cambiar para no hundirlo.


Por todo ello, Sr. Legislador, le insto a preguntarme, no tenga miedo y pergúnteme. Pregúnteme, pregúntenos, si pensamos que el estado autonómico es el mejor de los estados, no se asuste, yo probablemente le diga que sí, que lo sigue siendo, pero si a los demás no se lo parece, habrá que cambiarlo. Pregúnteme si considero necesario mantener más de 8000 municipios, sus respectivas diputaciones y un senado que no representa nuestra territorialidad. Pregúnteme, no tema, en este caso le diré que no, que me parece un derroche sin sentido para un país que pide a gritos integrarse en una supranación llamada Europa. ¿Qué importa si le digo que no y otros muchos comparten la opinión? Se cambia la estructura municipal y ya verá usted como no sucede nada, más allá de liberar recursos en funcionarios políticos y destinarlos a funcionarios públicos, mucho más deficitarios, infinitamente más necesarios e indudablemente menos costosos.


Sr. Legislador, pregúnteme, sólo pregúntenos. ¿No le interesa saber si realmente deseamos mantener con nuestro dinero a la realeza? No se amedrente, yo aún no sé qué contestaría, pero si resulta que la gente contesta que no, que el tiempo de los monarcas salva-patrias ha pasado porque ya somos maduros para hacernos responsables de nuestros actos, imagino que usted hará caso y comprobará que hay muchas más repúblicas que monarquías y que no todas han de ser tan caras como dicen, es cuestión de austeridad ¿No se trata de eso?


Pregúnteme también si creo en nuestro sistema de asignación de escaños y puede que le abra los ojos a otros más justos e igualitarios, se han inventado muchos y otros tantos están por inventar. Pregúnteme por el salario de los responsables políticos, no vacile, tranquilo, no le rebajaré el suyo, posiblemente le diré que me parecen bajos, que quizá por eso roban a espuertas y que su responsabilidad vale  más pero que cuando lo valga, el castigo por defraudarnos deberá ser ejemplar. Pregúntenos cómo queremos que sea nuestra educación, nuestra sanidad, nuestra energía, nuestras infraestructuras, telecomunicaciones o banca. De verdad, no tiemble por posibles respuestas que hagan inasumible su función futura, para cuando debiésemos contestar a estas últimas preguntas, es posible que ya hubiésemos contestado a las anteriores, probable que usted hubiese tomado medidas al respecto y por lo tanto factible que dispusiésemos de recursos para poder convertir nuestros deseos, los de los ciudadanos, sean cuales sean, en realidad.


En fin, Sr. Legislador, que nada es para siempre, nuestra Carta Magna tampoco, deje de engañarse, deje de engañarnos, que esta Constitución es mejorable es un hecho porque en ella se encuentran las raíces de muchos de nuestros débitos. Que esta constitución será modificada es otro hecho, lo único que queda por saber es cuándo y me permito sugerirle que cuanto antes mejor, no vaya a ser que la cosa se pudra y pasemos de una reforma a una abolición.


Confíe en mí Sr. Legislador y pregúnteme, ya verá que no pasa nada, no me haga recordarle el caso francés, seguro que además lo conoce usted mejor que yo... Ahora que lo pienso, si sabe usted tanto ¿no será que de verdad me está mintiendo? No importa, pregúntenos, no se inquiete, probablemente el grado de embrutecimiento que tanto se han afanado en fomentar en este país haya llegado a tal punto que conseguirá usted que respondamos lo que quiere oír.


En todo caso, se lo suplico... ¡Qué diantre! Se lo ordeno: ¡Pregúnteme! O por lo menos piénselo durante las vacaciones.
Siempre suyo,


Los restos de Un Ciudadano.

viernes, 27 de julio de 2012

Raro

Tan raro como Groenlandia sin glaciares
Escribir puede servir para equilibrar, criticar, elogiar, soñar, evacuar o incluso malgastar el poco tiempo libre que nos queda si no nos dedicamos profesionalmente a ello. Este último caso es el único verdaderamente pernicioso y es el que durante un tiempo invadió mi solitario y caótico proceso de reflexión creativa convirtiendo un acto sincero, libre y automático en un camino angosto y embarrado que no dirigía hacia ningún lugar.

Podría achacar la mediocridad efímera de los soliloquios que perpetré a comienzos de año a la excesiva carga alcohólica del periodo navideño y posteriores festejos eneriles - ¿Por qué a todos les da por celebrar sus cumpleaños en un mes que debiera estar destinado a la introspección monástica?-. Podría también culpar de semejante tedio a la empalagosa sobredosis de compromiso político que colonizó mi vida desde aquella  primavera de 2011 que difuminó mi escala de valores e intereses hasta no parecer más que un resto de tiza en una pizarra borrada al igual que los inútiles procesos electorales posteriores difuminaron cualquier halo de esperanza revolucionaria. Podría esgrimir muchas falsas imputaciones pero lo único cierto es que algún misterioso evento provocó que comenzase a escribir lo que sospechaba podía interesar y durante un tiempo dejé de expresar lo que mi anárquico y turbio ánimo necesitaba expeler. Me dí cuenta un día al premeditar y comunicar sin pudor el contenido de un artículo semanal, el resultado fue algo que no pude publicar y auto-censuré sin piedad porque si no me encuentro yo en lo escrito no puedo pretender que nadie lo haga.

 Hoy todo ha cambiado pero me encuentro raro, siento la obligación moral de preocuparme pero son ya tantos frentes que temo dispersarme y no llegar a profundizar en ninguno de ellos. Raro por saber que la crisis no se terminaba en 2010 ni en 2011 ni mucho en menos en 2012, que todos los políticos, "analistólogos" y sabios en general que lo vaticinaban son una panda de necios cuya formación económica no es muy superior a la nuestra por muchas perogrulladas que escriban o cargos regalados que ostenten. Tanto monta, monta tanto Rato como Salgado, del falso milagro económico a los brotes verdes inexistentes, verdes de vergüenza estamos, tan verdes como el logo del funesto banco.

Raro por descubrir que la crisis no es mundial, o si no ¿por qué China, Brasil o Angola comienzan ya a blindar sus fronteras para protegerse de la emigración europea? Aquí lo que hay es una guerra fría post-moderna en la que un país con una moneda centenaria en decadencia necesitaba hundir la joven moneda de un continente decadente. Aquí lo que hay es una una lucha entre la revolución tecnológica que nos quiere llevar al futuro y el empeño de algunos en perpetuar el pasado con sus sistemas políticos obsoletos. Aquí lo que hay es un fraude burlesco masivo trufado de auto-engaño individual constante.

Raro por no sentir afección por ningún grupo político concreto mientras observo como algunos parecen seguir empeñados en idolatrar a los personajes políticos de sus amores como si de estrellas del Rock se tratasen. Las filias por supuesto van por barrios y las fobias también pero los razonamientos y argumentos del absurdo son idénticos. Unos viven ensimismados con el discurso demagógico de un líder regional, otros lloraron porque nuestros vecinos retiraron a un presidente con tintes napoleónicos, otros, aquí, siguen añorando al anterior o al anterior del anterior y unos pocos depositan sus esperanzas en mini-líderes despechados que no se sabe si van o vienen.

Raro por ver como Groenlandia se funde en cuatro días y al mundo le importa un rábano, raro por volver a leer por enésima vez como una mujer violada en Afganistán necesita protección jurídica internacional para librarse de una muerte segura, raro por ser cómplices de una guerra civil en Siria cuando nosotros mismos, hace no tanto tiempo fuimos también abandonados a nuestra suerte, raro porque uno de los mayores patrocinadores de las olimpiadas sea heredero quien acabó con la vida de miles de personas hace casi 30 años en Bhopal. Raro porque me consta que muchos jóvenes desempleados que no saben nada de deshielos, afganas, dictadores, primas o riesgos siguen dedicando más tiempo y entusiasmo a participar en castings para follar en directo o insultarse en un plató que a dotarse de las herramientas necesarias para redirigir sus vidas.

Raro en definitiva porque cada día se infringe un derecho de los declarados en el 48, porque en navidad no hubo espíritu navideño y en verano no lo hay estival, porque esta maldita crisis creada se ha llevado la ética, los valores y hasta las estaciones. Raro porque me dejé la inocencia por el camino y parece que ahora solo nos queda la fe, la fe que muestran los mercados al escuchar la palabra del señor:
"Se hará lo necesario y eso será suficiente"
Bendita resurrección mercantil. ¡Milagro del señor! (Del Sr. Draghi, claro).

¡Qué tiempo más loco! (Y no lo digo por la tormenta de una noche de verano que hizo que nos mojáramos y riéramos demostrándonos que necesitamos bien poco para ser felices, eso parece normal, aunque puede que también sea raro).


viernes, 20 de julio de 2012

Yonquis

El opio del pueblo es el pueblo
Gran parte de mi vida creí en la fortuna, la fortuna de nacer en una gran ciudad de un país desarrollado, en un entorno diverso y una familia plural cuyos miembros pertenecían mayoritariamente a ese cajón de sastre llamado clase media. Durante mi adolescencia descubrí que los sinsabores de mi niñez no eran relevantes en comparación con las frecuentes desgracias que sufrían todos aquellos que no tuvieron suerte en la pedrea de la concepción, fue entonces cuando decidí cargar sobre mis espaldas la responsabilidad de aprovechar al máximo las posibilidades derivadas de mi propia carambola vital. Pensé que lo responsable era explotar los recursos de que disponía, educarme cuanto más mejor, trabajar cuanto antes mejor, crecer rápido, formar una familia cuando tocaba y seguir creciendo para ofrecerle lo mismo que recibí. Y en esas estoy, como tantos otros, viviendo una vida destinada a construir recursos que mis hijos puedan aprovechar para repetir un ciclo vital de dudoso valor global y que ni siquiera tiene garantías de éxito porque ya nada lo tiene.

Cuento esto porque recientemente he llegado a la conclusión de que soy un yonqui, esto es importante ya que siempre se dice que el primer paso para solucionar un problema es el reconocimiento de padecerlo, lo bueno es que no me siento sólo, estoy conociendo personas que tienen la misma adicción, que también se han dado cuenta de su afección y que quieren corregirla aunque no saben cómo. Soy yonqui porque soy adicto a cosas que sólo me producen frustración y malestar aunque también breves momentos de euforia, el sistema está muy bien diseñado para de vez en cuando proporcionar un pequeño chute de amor propio que genera una falsa sensación de plenitud y bienestar. A veces es un ascenso laboral, otras, una subida de sueldo y las más, un bofetón de adrenalina que te ayuda a descender unas aguas bravas contaminadas de estrés con la falsa creencia de que tu piragua - tu trabajo - es un salvavidas que te hace sentirte seguro y a flote en una posición aparentemente erguida a salvo de remojones. Te repites que tienes suerte, que no tienes derecho a quejarte, que todo va moderadamente bien y que irá mejor porque la lógica así lo indica, en tiempos de bonanza era el orden natural de las cosas tal y como nos las enseñaron, en tiempos de malanza  las cosas sólo pueden mejorar.

Y así andamos, drogados y adormecidos por nuestra propia estupidez, muertos en vida, inconscientes de la existencia de otros, sólo pendientes de nuestro propio apetito voraz y las ganas de regodearnos una vez que lo hemos saciado. Mientras tanto, ellos aprovechan nuestro letargo para cambiar las reglas del juego una vez empezado. Cambiará el significado de la educación y no pasará nada, la segregación será nuestra ignorancia y ésta arraigará su perpetuación. Empeorará nuestra salud y no pasará nada, las pandemias vendrán y serán su coartada liberticida. Gravarán la cultura con impuestos de lujo, ya lo han hecho, nos quedaremos sin ella, será el germen de una contrarreforma borreguil soportada por su cine, sus libros y sus obras teatrales o musicales, porque sólo ellos las podrán financiar. Nos seguirán forrando a impuestos porque ese es el nuevo patriotismo liberal, arruinar al débil para arrebatar definitivamente su peso económico y por lo tanto social.

Y cuando nos enfadamos así respondemos, narcotizados, cada cual con su cacerolada, pitada, sentada, marcha o huelga particular, reclamando justicia por lo suyo sin tiempo para reflexionar sobre lo ajeno y recordar aquello de la unión. Y unidos, así contestamos, convocando grandes protestas mayiles, manifestaciones o huelgas generales que nos llenan de orgullo alimentando portadas, titulares y comentarios en redes sociales. La protesta social convertida en un evento mediático con escaso contenido ideológico, nula creatividad propositiva y esperanza de vida efímera, su repercusión noticiosa sólo aguanta hasta el siguiente estornudo mercantil.

Esta es nuestra lisérgica forma de ver pasar el tiempo, así llegan y se olvidan los profesores de verde, los mineros de negro, los bomberos sin manguera, los funcionarios sin esperanza, los periodistas sin soporte, los cines sin espectadores y los políticos sin vergüenza. Así pasamos del carbón al "que se jodan", sin pestañear. Así ponemos de moda los conflictos para después encerrarlos en la hemeroteca. Así es de fútil nuestra información, así dirigen nuestra indignación, así desahogamos nuestra ira y así mientras tanto no pasa nada de nada. Es el arte de incidir en conflictos nimios para despistar del principal, es la capacidad de retro-alimentar una revolución descafeinada que ni es revolución ni es nada. Es el arte de convertir lo superfluo en vital haciendo de la primera depresión del siglo un "Sálvame" diario.

Sí, vivimos la era de la salvamización de la democracia, la futbolización parlamentaria, la re-unificación de poderes y la narcotización de nuestros sueños. Mientras, ellos observan desde la poltrona el fruto del trabajo bien hecho, el logro de construir una sociedad de yonquis sin reconocimiento de causa. De nuestra capacidad de insumisión colaborativa dependerá construir nuestro particular "proyecto hombre" conjunto.

martes, 3 de julio de 2012

Tarde, mal y nunca

Me gusta viajar, siempre ha sido una faceta fundamental de mi vida, he viajado por diversos motivos y siempre me ha ayudado a encontrarme y recordar quién soy. Cuando recorro un país desconocido y me mezclo con sus gentes descubro lo minúsculos que somos y la relación entre todos nosotros como parte integrante de un mismo ser.
Existen 194 estados reconocidos de los cuales la gran mayoría pertenecen al limbo del olvido permanente, yo, por ahora, sólo he tenido la fortuna de conocer en mayor o menor medida 37, suficientes para saber que la desaparición de cualquiera de ellos provocaría daños irreversibles a la salud del planeta. Tenemos tendencia a asumir que lo que no conocemos no existe o por lo menos es insignificante, también lo hacemos con nuestro cuerpo, pocas veces pensamos en nuestros riñones, brazos u ojos, hasta que un día pasa algo que nos hace valorar su importancia. Efectivamente podríamos vivir sin los órganos y miembros descritos pero sin duda, no en las mismas condiciones.
Desgraciadamente, alguno de los países olvidados, en ocasiones pasa a primera línea informativa y cuando eso sucede suele ser porque ha ocurrido un desastre, normalmente un conflicto bélico pervertido por la distancia de nuestra superioridad moral. Nuestra indolencia funciona como acelerante y cuando nos disponemos a ayudar llegamos siempre tarde, mal o nunca. En esas ocasiones, entre imágenes y noticias sangrantes, siempre asoma el mismo pensamiento fugaz: he ahí un país que jamás visitaré, esas son las personas que jamás conoceré.

TARDE
A estas horas, el norte de Malí está siendo masacrado por unos degenerados sin escrúpulos que someten a sus ciudadanos sin piedad, actúan con total impunidad y se sienten legitimados para hacer y deshacer a su antojo. Dentro de muy pocos días, muy pocos, todo el país quedará a oscuras bajo el manto de un enorme burka que lo hará desaparecer de la faz de la tierra y por supuesto de nuestros periódicos. En este mismo instante, esos salvajes que se han hecho con el poder están destruyendo vestigios arqueológicos que durante siglos han presenciado silenciosos el transcurrir de la vida en el desierto entre invasiones, peregrinaciones e intercambios comerciales. Tombuctú cae y con ella los sueños de los viajeros que allí pernoctaron y las ansías poéticas de libertad de quienes un día quisimos perdernos en un lugar recóndito al que ya, probablemente, nunca iremos, y si lo hacemos, probablemente, no quedará nada. La única ocurrencia para proteger los templos de Tombuctú ha sido incluirla en la lista de la UNESCO con décadas de retraso, no se espera ninguna intervención internacional en la zona y si llega será demasiado tarde. Mientras tanto, los extremistas se ríen de nuestra burocracia y declaran irónicos: "¿ONU?¿Qué es la ONU? Yo represento los designios de Allah..."
Ayer:
MAL
Si malo es llegar tarde, peor es hacerlo sabiendo qué sucederá, y lo sabemos. A principios de siglo intervenimos en un país ya destruido, en Afganistán lo hicimos mal, muy mal, allí encendimos la llama del radicalismo en el siglo XX para ejercer de bomberos en el XXI cuando la población ya había sido masacrada, las libertades fulminadas y su historia convertida en polvo. Hace poco, alimentamos un avispero en Asia y hoy repetimos la jugada en el norte de África tropezando dos veces en la misma piedra, pero como son sus piedras - pronto sólo quedará eso - nos hacemos los despistados.
Esta foto fechada en el año de mi nacimiento ya no existe:
NUNCA
Escribo en esta ocasión sobre los horrores de nuestro tiempo sólo mostrando la perfidia "monumental" porque mis retinas no pueden soportar la imagen de más dramas humanos pero no olvido que la verdadera tragedía sigue siendo el desprecio por la vida humana, parece que a medida que aumenta el peso demográfico de un mundo ya de por sí sobre-poblado, se devalúa el precio de la misma. No llegué a conocer ninguno de los dos países anteriores pero el año pasado sí pude visitar Jerusalén, una ciudad que aún mantiene en pie su grandiosidad histórica. Quizá algún día, aquellos que sólo adoran un muro decidan que el resto de construcciones son impías y opten por su destrucción, por el momento se limitan a aplastar a un pueblo hermano.



Esto sucedió esta semana según denuncia B'Tselem y poco me importa si fue un vídeo premeditado o no, sólo diré que en todo caso la patada es un hecho y el agredido podría ser mi hijo. El año pasado mi mujer y yo fuimos retenidos en la frontera terrestre entre Israel y Jordania. Allí, a dos pasos del muro de la vergüenza pudimos comprobar en persona la "amabilidad" de unos macarras vestidos de uniforme que no dudaron en privarnos de nuestros derechos más básicos durante más de dos horas, separándonos al uno del otro y quitándonos todas nuestras pertenencias, documentación incluida. Si nos trataron así  nosotros qué no harán con ellos. Allí simplemente suceden estas cosas porque no es que hayamos llegado tarde, no es que lo hagamos mal, es que no hacemos nunca nada.

En cuatro días parto a Rumanía, un nuevo sueño, una nueva aventura y seguro que nuevas gentes y costumbres por conocer. Cuando lo cuento, recibo una pregunta que no por repetida deja de sorprenderme: ¿Pero qué se os ha perdido en Rumanía? Es entonces cuando logro comprender la causa principal de parte de los problemas que asolan este extraño planeta que habitamos, se llama indiferencia, cuando no displicencia.