¿Cómo es posible que ya nadie se ponga de acuerdo en nada?
¿Cómo es posible que decenas de sesudos "economistas" no sean capaces de consensuar un presupuesto?
¿Cómo es posible que siempre se culpe de todo a otros?
¿Cómo es posible que sólo existamos ya como masa y no como individuos?
¿Cómo es posible que ansiemos poder y responsabilidad si tenemos la certeza de no saber asumirlos?
¿Cómo es posible que tomemos decisiones a sabiendas del daño que éstas provocarán en nuestro entorno?
¿Cómo es posible que no percibamos el perjuicio que se provoca a los más débiles como el nuestro propio?
¿Cómo es posible que la única forma de defender nuestras ideas sea atacar las del prójimo?
¿Cómo es posible que nuestros valores cívicos se hayan deteriorado hasta el límite de la putrefacción?
¿Cuándo ha ocurrido? ¿Por qué hemos dejado que sucediese?
Por supuesto que me refiero al gobierno y claro que lo hago en primera persona del plural, basta de hablar de los otros cuando estamos todos y cada uno de nosotros en el origen de los problemas. Nuestros representantes políticos no se ponen de acuerdo en nada porque imitan nuestras actitudes, porque al fin y al cabo ellos son nosotros. Resulta que a nosotros, hace tiempo, nos dejó de importar tener razón, hace mucho decidimos que era mucho más gratificante demostrar que el otro no la tiene. El día que decidimos abandonar nuestra razón fue el día que dejamos de investigar para encontrarla y ese día perdimos la oportunidad de descubrir que habíamos errado.
Claro que no son capaces de definir entre todos un presupuesto que sea beneficioso en conjunto, no lo son porque se trata de apostar a un sólo número para ver quién gana, para demostrar de nuevo que el otro no tenía razón aunque nosotros sepamos que tampoco la tenemos. Ellos han visto como hemos presupuestado en nuestros hogares y empresas, ellos nos han visto jugar a la ruleta rusa. Ellos beben de nuestros vicios, llevan años observando como presupuestamos nuestros negocios para perseguir el fin de lograr un máximo beneficio que contente a unos pocos. Les podríamos haber enseñado que para hacer crecer nuestra productividad es más lógico re-invertir en las personas y su bienestar para conseguir que nuestros productos sean más accesibles porque además hay más personas felices que pueden demandarlos. Pero lo que les mostramos fue que para deslizarnos a gusto por el parqué era más excitante comunicar con pompa y boato la cantidad ingente de dinero que habíamos ganado, poco importa que ese dinero no exista ni tenga una traducción tangible ni sepamos el uso que se le va a dar, nuestros accionistas y sus brokers ni siquiera saben a qué nos dedicamos. Además, en su caso - el de los políticos, me refiero - no pueden consensuar nuestro presupuesto - el nuestro, me refiero, no el suyo - porque entonces ya no tendrán nada que vendernos cuando regrese el zoco electoral a las plazas de toros.
Se culpan los unos a los otros por lo mismo, saben que lo entenderemos porque cuando nosotros asumimos una nueva responsabilidad laboral, lo primero que hacemos es culpar a nuestro predecesor y su mala gestión de los mediocres resultados que nuestra línea de negocio está obteniendo. Lo malo es que a nosotros esa excusa nos vale una sola vez, a la segunda nos despiden, ellos - nuestros políticos, insisto en lo de nuestros porque yo no soy su votante ellos son mis representantes porque a mí me da la gana - pueden utilizar la misma argumentación hasta el fin de sus días sin más repercusión que descender un piso en la escalera del poder. Ni era lícito ayer negar la mayor o buscar causas en un supuesto entorno hostil ni es hoy oportuno cargar la culpa en quién ya no tiene ninguna responsabilidad de gobierno.
Somos una masa informe que se cree potencialmente peligrosa para un poder establecido que ya no nos teme, aceptamos que denuesten a los inmigrantes y les priven de derechos sanitarios básicos porque nosotros tampoco les tratamos como a iguales, cedemos al giro constante de los valores cívicos institucionales porque nosotros también los hemos perdido.
No sé cuándo sucedió esto, quizás fue un proceso de degradación ciudadana constante que pasó desapercibido pero creo que se produjo porque durante demasiado tiempo vivimos cómodos inmersos en una complacencia cómplice. Hasta que no nos separemos de ellos y reiniciemos el juego, seguiremos pensando que les juzgamos mientras nos auto-inculpamos.
Hala, a seguir durmiendo...
PD: Tampoco nos preocupemos mucho, dentro de poco empieza la Eurocopa y tendremos algo de qué departir.
viernes, 27 de abril de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
Paquidermos, monarcas y repúblicas
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| Suazilandia: tan lejos, tan cerca... |
En el presente, sobreviven dos grandes familias de elefantes, asiáticos y africanos, las dos grandes diferencias entre ambos son el tamaño y la posibilidad de domesticarlos. En la actualidad existen también dos tipos de reyes en la sociedad humana, los casi extintos monarcas absolutos, se encuentran algunos especímenes en oriente-medio y en el continente africano y aquellos que ejercen su mandato en democracias consolidadas, estos últimos están también en peligro de extinción pero aún así podemos hallar una decena en Europa y alguno en Asia. Los monarcas autoritarios fueron exterminados ya que al no ser domesticables sucumbieron al poder de las masas, la segunda especie monárquica, sin embargo ha sido amansada a través de la fuerza de las urnas y de una vigilancia constante por parte de sus plebeyos. Numerosos estudios científicos han detectado en la psique de la especie monárquica doméstica un nivel de entendimiento que les asemeja bastante al común de los mortales, incluso se han detectado dosis de inteligencia emocional en su forma de razonar, parece que en algún momento dedujeron que la única forma de hacer perdurar su especie era mostrar una falsa apariencia de normalidad mundana. En realidad, lo que sucedió hace siglos fue que algunos humanos llegaron a un acuerdo tácito de no agresión a condición de que sus soberanos mostrasen, vocación de servicio público, corrección en sus modales y austeridad en sus costumbres. Desgraciadamente, o más bien, afortunadamente, el contrato monárquico no es indefinido ni mucho menos vitalicio, está siempre sometido al dictamen de la ciudadanía que siempre tuvo en sus manos el poder construir paradigmas de organización social diversos. Parece que se están dando casos en los que tanto ciudadanos como monarcas han olvidado cual es la naturaleza de sus obligaciones y deberes, esta amnesia no carece de cierto peligro porque es temporal y cuando retorna la memoria suelen acontecer reacciones abruptas e irreflexivas. Cierto es que en ocasiones la historia toma derivas insospechadas y parece que hay situaciones que sólo dirigen hacia la única forma de gobierno razonable y razonada, pero para tomar rumbo a la república convendría descargar ideas preconcebidas.
Paradójicamente y simplificando mucho, el punto en común entre elefantes, reyes y repúblicas reside en que de esto último también existen dos tipos básicos, la presidencial y la parlamentaria. El primer esquema republicano es bastante arriesgado sobre todo en países con un histórico autoritario, muchos de los que optaron por el presidencialismo acabaron derivando a sistemas dictatoriales, van camino de ello o sufren un déficit ideológico. Por supuesto se puede admirar a un líder elegido sin olvidar que la grandeza del país reside en la confraternidad ciudadana y se puede otorgar mucho poder sin obviar que la autoridad real y la libertad moran en una sociedad igualitaria, lo malo, es que se ha comprobado que para que esto funcione hay que ser francés, cualidad casual y aleatoria que, muy a mi pesar, no se adquiere por conciencia infusa. Quedaría por tanto la opción de emprender camino hacia una república parlamentaria a sabiendas de que es una vereda angosta, de difícil retorno, no carente de escollos y como todas las aventuras, repleta de incertidumbres. Pero seamos sinceros con nosotros mismos, quien gusta de progresar ha de arriesgar y esto sólo se puede hacer en momentos de grandes crisis en los que queda poco por perder y puede haber mucho por ganar, sólo debemos preguntarnos ahora si en este instante, en este país, se dan las condiciones óptimas y necesarias para afrontar la ardua tarea del cambio.
Pienso que si conseguimos reducir ciertas actitudes - tan borbónicas como poco edificantes - a la categoría de anécdota, dejaremos de lado la exaltación verborreica y conseguiremos revestir nuestra piel de la dureza propia de los Paquidermos. Si además conseguimos dilatar nuestras entendederas hasta alcanzar un tamaño elefantino y abandonar temporalmente la característica emotividad hispana, estaremos en condiciones, en esta ocasión, de tomar una decisión racional. Tres condiciones básicas se necesitan pues para caminar con pies de plomo - sin ánimo de ofender a infantes - y dar un paso firme hacia adelante: certeza del hastío, voluntad de progreso y madurez ideológica. Extrapolando algunas vivencias propias en mi entorno cercano concluyo que los dos primeros requisitos están en vías de adquisición pero el tercero está en pañales o, siendo optimista, llegando a la pubertad. No puedo evitar que ciertas actitudes acrecienten mi temor a los resultados perversos que puedan derivar de una andanza republicana mal planificada.
Vaya por descontado que no sólo aspiro a que mis hijos vean nacer una nueva república, tengo la certeza casi darwiniana de que será una utopía que alcanzaremos, sólo albergo dudas sobre la oportunidad del momento, cada cual que tome sus conclusiones sin olvidar que una reforma constitucional de este calado será incompatible con fobias y filias individuales. Con todo el respeto, ilustro hoy este artículo con la bandera de Suazilandia, una monarquía absoluta lejana con la que por ahora sólo compartimos el colorido del emblema y los leones del Congreso aunque algunos sin duda empiezan a ver más similitudes por el empeño que ponen otros en suscitar rechazo con sus exóticos e inconscientes devaneos.
PD: Tras un fin de semana complejo, dedico este artículo a los cuñados del mundo - sean borbones o no - para que no olviden que las ideas claras sólo son virtud cuando son porosas a las ajenas.
lunes, 9 de abril de 2012
Decisiones y consecuencias
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| La culpabilidad de unos azores innobles |
Por supuesto, todas y cada una de las vidas segadas en esta guerra infame tiene el mismo valor y merece nuestro respeto y recuerdo infinito e independiente del bando al que perteneciese, no conocemos ni los nombres ni los apellidos de la gran mayoría, tampoco sabemos del sufrimiento de sus familias, tan sólo podemos intuirlo. Sin embargo, en cada país sí individualizamos el horror y recordamos hombres y mujeres concretos a quienes debiéramos estar eternamente agradecidos, sus nombres pertenecen ya a la historia y su pérdida nos marcó en lo más hondo.
Esta semana recuerdo a dos personas que fallecieron en Bagdad con sólo un día de diferencia en el mes de abril de 2003 escasas semanas después de que los tres nefandos personajes de la fotografía y su anfitrión - único que sigue en activo, alguien creyó en su idoneidad para dirigir una Comisión Europea desprestigiada - decidiesen invadir un país. Hace ya nueve años que nos arrebataron a Julio Anguita Parrado y José Couso Permuy, tenían entonces aproximadamente la edad de quien suscribe y un futuro más que prometedor pero incluso siendo conocidos, hoy ellos ilustran lo profundamente injusta que resulta en ocasiones la atención mediática.
El pasado día 8 de abril, Couso recuperó cierto interés informativo, se le dedicaron algunas líneas y minutos en los medios e incluso la funesta efeméride fue tendencia en redes sociales como Twitter, yo mismo participé en ello aportando mi granito de arena para mantener vivo el recuerdo de la persona y de su abyecto asesinato . Sin embargo pocas referencias a Parrado se pudieron encontrar el día anterior, fecha en la cual, nueve años antes, un misil también terminaba con los sueños del joven periodista que recién comenzaba su trayectoria como reportero de guerra.
Deberíamos preguntarnos qué diferencia existe entre ambos compañeros para que uno siga acaparando algún tiempo informativo mientras la figura del otro se ha diluido con el transcurrir de los años. Sin dejar de lado la encomiable e infatigable labor de los familiares y amigos de Couso creo que la clave está en la supuesta culpabilidad de los asesinatos. El misil que quitó la vida a Parrado provenía de fuego "enemigo", fueron "los malos" quienes lo lanzaron, es decir el ejercito iraquí, por lo tanto desde un primer momento y al no ser posible delimitar responsabilidades, su caso pasó a engrosar el vergonzoso saco de los mal llamados daños colaterales.
En lo que se refiere a Couso la opinión pública tiene una percepción muy distinta de los hechos, el fatal proyectil provenía de "fuego amigo", se localizaron tres supuestos responsables y el proceso judicial contra ellos sigue abierto a pesar de las trabas gubernamentales y diplomáticas. La justicia española sigue buscando a Gibson, Woldrford y De Camp, tres militares estadounidenses acusados por el asesinato del cámara de Telecinco. El problema reside en que por mucho que nos esforcemos en hallarles nos les encontraremos porque están perfectamente hallados, son veteranos de guerra y podemos columbrar que una vez licenciados siguen con sus vidas en sus respectivos hogares, solamente deberán evitar elegir las costas españolas como destino vacacional y eso es algo con lo que se puede vivir. Pero la verdadera cuestión tampoco es esa sino que no desviemos el foco de atención, se acertó al concluir que eran tres los culpables pero quizás se erró con sus nombres porque, insisto, los auténticos instigadores, urdidores y planificadores del asesinato se siguen llamando Bush, Blair y Aznar. El día que asumamos que el factor desencadenante de la tragedia no se encuentra en montañas lejanas ni desiertos remotos habremos encontrado a los culpables no sólo del asesinato de Couso sino también del de Parrado y de por lo menos otras 150.000 personas más, será entonces cuando estemos en condiciones de identificar a tiempo a futuros sociópatas disfrazados de estadistas que quieran vendernos conflictos forzosos. Algunos dirán que los ex-dirigentes mencionados ya pagaron sus decisiones en las urnas, una consecuencia demasiado leve para quien ya había terminado su ciclo político, es como si quemo mi edificio, muere una anciana y me castigan usurpándome la presidencia de la comunidad a un mes de la junta de vecinos, un disparate.
En todo caso, sirva este artículo como sincero homenaje a Julio Anguita Parrado, José Couso Permuy y todos aquellos que siguen jugándose la vida para que el resto seamos conscientes de la atrocidad de la guerra y el sufrimiento de los más débiles. Hay quien dice que el periodismo agoniza, yo digo que seguirá estando muy vivo mientras a diario, personas como Julio y José sigan empeñados en otorgarnos información relevante que nutra el arraigo de un sentimiento anti-belicista indispensable para enfrentarnos frontalmente a las futuras decisiones erradas que puedan tomar nuestros gobernantes, después, que cada cual asuma las consecuencias de sus decisiones. Sí, estoy hablando de Irán.
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| Julio Anguita Parrado 1971-2003 |
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| José Couso Permuy 1965-2003 |
PD: Un mes más tarde de los fatídicos hechos hoy recordados me casé, después nacieron mis dos hijos, hoy seguimos disfrutando los unos de los otros y debemos luchar - por muy utópico que parezca - para que ninguna familia, en ningún lugar, se vea nunca más prematuramente desgarrada por torpes decisiones ajenas.
miércoles, 4 de abril de 2012
Ficción superada
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| Ellos eran liberales, los de ahora no tengo claro qué son Fusilamiento de Torrijos Antonio Gisbert 1888 |
"Soy liberal, sí ya sé que de ocho acepciones del término sólo comparto media y las demás las aborrezco profundamente, pero bueno, los liberales somos libres de definirnos cómo nos plazca, es lo que tiene la libertad.
En primer lugar, a ver si alguien se atreve a insinuarme que no soy generoso cuando todos los Domingos le doy cincuenta céntimos al mendigo de la puerta de la parroquia de Calle Goya, calculad lo que significa esto a final de año, oye, que son 52 semanas sin contar las misas extraordinarias del Gallo y días de guardar, por no hablar del cepillo. Por otro lado qué mayor generosidad hay que compartir mis bienes con el armador que me está construyendo el yate y la familia de peruanos que me guarda la finca y con quién incluso comparto espacio una o dos veces al año. Si esto no es altruismo que venga Dios y lo vea, a mi desde luego a veces me entra complejo de ONG.
Me preguntan algunos si realmente creo en la libertad, pues claro, cómo no creer en ella, es maravilloso poder escuchar cada noche las fantásticas tertulias de esos nuevos canales recién surgidos, debe ser lo único bueno que ha hecho esta gentuza que nos gobierna. Además, soy libre de elegir para mis hijos el colegio o universidad privada que desee, también puedo ir a la clínica que me apetezca a curar mis males, lo pago y punto. No debo olvidar el placer que me provoca el poder decidir la compañía de suministro eléctrico que quiero, la telefónica que me dé un IPhone y en breve beber el agua de la empresa privada que generosamente se hará cargo de su gestión y distribución, me siento libre y todos deberían compartir mi entusiasmo. Yo con la salud, la educación y los recursos naturales no juego, me gasto mi dinero muy a gusto y quien pide que sea público es simplemente un tacaño que no piensa en su familia y quiere vivir siempre de la sopa boba. ¡Oiga, páguese usted lo suyo igual que yo me ocupo de lo mio! Eso sí, cuando lo consigamos, mucho ojo, una cosa es la añorada liberalización total y otra muy distinta el libertinaje. Debemos estar atentos, no vaya a ser que algún hospital privado decida especializarse en la venta de abortos o eutanasias o que los centros educativos opten por no seguir los cánones de nuestra Santa Madre Iglesia, si nos descuidamos llega un Emir y nos monta una escuela islámica. En definitiva, la función del nuevo estado liberal centralista, heredero de esa Gran España que nunca debió dejar de ser, debe limitarse a estar vigilante con estos temas y llegado el caso prohibirlos o incluso penarlos si fuese menester, nuestra libertad va en ello.
¿Qué si creo en la libertad individual, social y política? Pues claro, siempre con la salvedad de quienes apoyen a grupos de manifiesta inmoralidad o acudan a demostraciones públicas indecorosas que hasta ahora he estado pagando yo con mis impuestos. Imagino que estaremos todos de acuerdo en que es muy distinto que se organicen bellas procesiones gracias a las subvenciones estatales a que alcaldes de escaso calado moral nos obliguen a presenciar año tras año días de no sé qué orgullo, espectáculos altamente perniciosos para la salud de las gentes de bien además de ofensivos para el buen gusto. Por cierto, con el espíritu liberal que me caracteriza, comprenderéis que no estoy en contra del matrimonio homosexual, no puedo estarlo sencillamente porque no es un matrimonio, cómo el nombre así lo indica. Jamás me opondría a que nadie se casase con una fea, una gorda o incluso una negra, cómo mucho haría un inocente chascarrillo propio de nuestro noble humor hispano, pilar de nuestra libre sociedad y no penséis que no tengo amigos maricas porque los tengo a pares, pobres tienen que vivir con ello y yo lo respeto, bastante tienen con lo suyo.
Con respecto al tema del intelecto como definitorio del liberalismo, no hay discusión, nuestros representantes e inspiradores ideológicos son muy prolíficos, algunos escriben más de veinte novelas al año, pero claro, basta con que alguna declare no conocer a la cantante Sara Mago para hacer una critica impía sobre ella, pues aprovecho para declarar públicamente que yo tampoco la conozco, ni falta que hace, a saber lo que canta la subversiva esa...
En definitiva, amigos, compatriotas, debemos luchar por salvaguardar nuestra libertad, los lobbies nos amparan y protegen, nos dan la posibilidad de elegir las mejores opciones financieras (a veces se equivocan, pero que tire la primera piedra el que no), sanitarias, educativas, energéticas y nos permiten comunicarnos e informarnos. ¿Quién quiere, por ejemplo, una televisión pública? Vamos, ni que fuese un derecho ciudadano, lo importante es la cantidad, ahí reside verdaderamente la calidad y pluralidad, si alguien, al final, no se siente representado es porque nadie financia su bazofia, si esto ocurre es porque no es rentable y si es así es que no interesa nada y por lo tanto no debe existir. No cejéis en vuestro empeño ni os dejéis engañar por falsedades, el futuro es nuestro, Dios Mediante. Él puso sobre la tierra todos los bienes y dones vegetales, animales y minerales para nuestro disfrute, debemos explotarlos al máximo, lucrarnos con ellos es lógico. No tengáis mala conciencia, la organización del mundo es secularmente piramidal y así debe seguir siendo, no todos llegaran pero nosotros cumpliremos con el sacro deber cristiano de la limosna."
Lo cierto es que una vez más la realidad supera a la ficción y hoy nos invitan a presenciar y aplaudir la voladura controlada de nuestra educación, nuestra cultura, nuestra investigación científica y nuestra solidaridad. Los tiburones financieros han desencallado y vuelven a nadar mientras colaboran con unos
Está ocurriendo pero ahora que son ellos los que mandan ya no veo necesario ponerme en su lugar, ya no quiero dialogar, me he cansado de escuchar y de que no me escuchen, me he hartado de que desechen cualquier planteamiento divergente.
Ellos saben que nuestras ideas no se pueden reciclar, para ellos somos el enemigo, detritus de un pasado cercano que quieren enterrar. Quizás tengan razón pero yo pienso que de ser basura, somos basura orgánica y de ella se puede extraer un magnífico compost que abone una sociedad más fuerte, democrática e igualitaria. Ya veremos, como dice mi amigo Tatán, sigue dependiendo de nosotros que nos la metan doblá.
PD: Hoy no dedico a nadie el artículo porque va dirigido a todos aquellos que se saltan a la torera los valores de esta semana tan cristiana y prefieren dedicarse a insultar y ofender, afortunadamente en este tiempo he entrado en razón y muchos de ellos ya están bloqueados en mi vida real y virtual.
jueves, 29 de marzo de 2012
Huelgan más comentarios
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| En cualquier caso, gracias por estar ahí... |
Huelga afirmar que el derecho a parar un día es una conquista luchada que ha sido herramienta útil para corregir derivas empresariales y sectoriales de imprevisibles consecuencias humanas. Negar ese pacífico derecho sería abonar la insurrección civil cuando no armada, podéis por supuesto añorar el medievo como afirmaba recientemente un nefasto terraniente ducal con complejo de ONG pero entonces deberéis también asumir el destino si hordas enfurecidas os ajustician en la plaza del pueblo como antaño.
Huelga clamar a los cuatro vientos que no servirá para nada, que no va a cambiar nada y que pase lo que pase haréis oídos sordos las demandas populares. No os molestéis, ya lo sabemos, desde el primer día vimos que vuestro epíteto popular nada tiene que ver con los destinatarios de vuestras políticas, siempre ha sido así, siempre lo será y me atreveré a decir que quizás así deba ser. Sin una lógica alternancia no sé muy bien qué seríamos y para avanzar es necesario advertir la capacidad que otros tienen para empujarnos a retroceder pero asimilad que mientras inventamos otro sistema sólo nos queda utilizar los métodos que hoy tenemos por muchas dudas que alberguemos sobre su eficacia formal en asuntos que calan directamente en nuestra Constitución.
Huelgan vuestros fuegos de artificio y estrategias de despiste. Llevamos varias generaciones viendo cine bélico y sabemos que cuando uno le dice a otro "Cúbreme", lo que éste hace es disparar caóticamente hacia ningún lugar manteniendo ocupado al enemigo mientras que ese uno alcanza el destino planificado. En otras palabras, cuando un ministro verborreico suelta una solemne mezquindad sobre las mujeres lo que hace es desviar el foco de atención mientras se cambian las reglas del juego laboral y se diluye el estupor generado por unos presupuestos que empobrecerán inexorablemente una sociedad ya de por sí en precario. El problema del fuego cruzado es que genera víctimas colaterales y daños inesperados.
Huelga negar que la gente tiene miedo, que el temor es traidor y que el pan pesa más que la harina que contiene. Cuando se plantea una protesta similar a un gobierno de izquierdas, las repercusiones personales en el puesto de trabajo son mínimas porque se establece de facto una tregua entre patrón y peón destinada a destruir ese enemigo mayor que es ese gobierno en cuestión. Pero cuando quien gobierna es aquél que protege sus intereses, secundar un paro se percibe cómo una insubordinación directa y entonces las consecuencias del agravio pueden ser adversas. Si esto además se produce en un momento en el que ya nadie sabe qué es o qué no es motivo de despido, no sería de extrañar que el canguelo general frustre una convocatoria sindical que tampoco debería ser alimentada infligiendo pánico a quien no desee secundarla.
Huelga por último confesar en este espacio si haré uso o no de mi derecho, tampoco expondré algunas incertidumbres que me asaltan en estos días - no es el día -, tan sólo reiteraré que resulta difícil posicionarse en contra de quien busca defenderme. Buscar el bien común y abandonar el individualismo que nos domina por un instante siempre es beneficioso para la salud democrática de una sociedad. Conviene no olvidar que lo que hoy vivimos también perteneció al limbo de la utopía y jamás debe regresar allí.
Huelgan más comentarios, sólo desear suerte a todos sin olvidar que cinco millones de personas no podrán parar hoy de buscar empleo, quizás del éxito de este día dependa también su futuro que es el nuestro. Mesura, cordura y comprensión, no olvidéis que el temor flota en el ambiente, mañana tocará comparar estadísticas y datos manoseados, pero eso es otra historia.
viernes, 23 de marzo de 2012
Poesía y Agua
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| Lagunas de Ruidera ¿No es el agua poesía para el corazón de Castilla? |
Debemos recordar, recordar es importante, recordar que el radicalismo aborrece la lírica al igual que la lírica huye del radicalismo. Algo debe de haber en unos versos cuando se asesina por ellos, dictadores de toda índole persiguieron y aniquilaron poetas quizás por no entenderles o quizás por evitar que otros comprendiésemos. Hoy todo es igual, decenas de rotativos económicos entierran la esperanza de publicar poesía y la dictadura de los mercados consigue someternos a su dialéctica tramposa. Cuando las cosas iban bien sólo se hablaba de bolsa, warrants y otras obscenidades, ahora que todo va mal sólo se habla de riesgo, bonos basura y otros barbarismos que nos sumen en la cretinez absoluta de elegir caminos que no conducen a ningún lugar.
Mientras tanto nos quieren privatizar el agua y ¿qué es eso sino privarnos - llamativa coincidencia etimológica - de lo que siempre fue nuestro por derecho? Si algo sabemos es que somos agua, todo es agua y sin agua no hay nada. Ya lo expresé una vez, ya intenté encontrar respuestas a preguntas infantiles tan obvias que no tienen respuesta o se nos han olvidado. ¿Por qué escribir sobre lo mismo si nada ha cambiado?
Sigo rememorando el día en que dejó de salir agua del grifo de su bañera, así, sin más. A pesar de hacerle mucha gracia que le trasladásemos a "la ducha de los mayores", él necesitaba una razón coherente para este suceso, el caso tuvo una resolución sencilla, entendió que las cosas se rompen y papá no es capaz de arreglarlo todo. En ocasiones son los niños quienes nos ayudan a recuperar la lucidez perdida. También suelen ser ellos los grandes olvidados de todo lo que ocurre en nuestro entorno, cuando son objeto noticioso nunca es para bien y además sólo tenemos acceso al suceso pero nunca a lo que ocurre en el interior de esas maravillosas consciencias aún sin modelar.
"El extraño caso del grifo seco" debería recordarnos que la mitad de la población del planeta sigue sin tener acceso al agua y a diario fallecen 4.500 niños por causas directamente relacionadas con esta carencia. Imaginemos, si es posible, cómo desembrollar semejante paradoja para que la comprenda un menor:
- "Hijo mio, somos seres humanos y necesitamos este liquido para sobrevivir"
- "Y entonces, por qué no hay en el poblado papá"
- "Porque es así cariño..."
Con un poco de suerte, este crío (o cría en la mayoría de los casos) prescindirá de ir a la escuela o jugar, para dedicar la jornada a llegar a un lejano pozo no contaminado que le permita subsistir.
Nosotros sólo debemos asumir que nuestra agua estará en manos ajenas con intereses inciertos y tener fe en que las repercusiones de esta disparatada decisión serán nulas o escasas. No es de extrañar, la verdad es que las políticas que desarrollan algunos suelen basarse en la fe, al fin y al cabo son democristianos. De manera que sólo nos queda confiar en que un día no nos cobren peaje por subir a una montaña a respirar el aire puro que ya escasea en nuestras ciudades.
Si hablamos de recursos escasos y minorías nada mejor que un poema, de una mujer, idealista, Premio Nobel (primero para la literatura latino-americana), moderna, a la que no sé si le gustaría ver su rostro en un billete chileno.
Agua de Gabriela Mistral.
Hay países que yo recuerdo
como recuerdo mis infancias.
Son países de mar o río,
de pastales, de vegas y aguas.
Aldea mía sobre el Ródano,
rendida en río y en cigarras;
Antilla en palmas verdi-negras
que a medio mar está y me llama;
¡roca lígure de Portofino,
mar italiana, mar italiana!
Me han traído a país sin río,
tierras-Agar, tierras sin agua;
Saras blancas y Saras rojas,
donde pecaron otras razas,
de pecado rojo de atridas
que cuentan gredas tajeadas;
que no nacieron como un niño
con unas carnazones grasas,
cuando las oigo, sin un silbo,
cuando las cruzo, sin mirada.
Quiero volver a tierras niñas;
llévenme a un blando país de aguas.
En grandes pastos envejezca
y haga al río fábula y fábula.
Tenga una fuente por mi madre
y en la siesta salga a buscarla,
y en jarras baje de una peña
un agua dulce, aguda y áspera.
Me venza y pare los alientos
el agua acérrima y helada.
¡Rompa mi vaso y al beberla
me vuelva niñas las entrañas!
PD: Defender lo que es nuestro no es una utopía, no hacerlo sería empezar a escribir nuestra propia elegía.
jueves, 15 de marzo de 2012
No sirve para nada.
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| ¿Caducó el Estado del Bienestar al comenzar la crisis? No lo creo... Foto |
Cada día nos taladran la mollera con la idea de que los sindicatos no sirven para nada y parece que el arquetipo del sindicalista chupón empieza a calar en la sociedad. Poco importa ya que desde hace dos siglos hayan sido ellos - que somos o deberíamos ser casi todos nosotros - quienes han conseguido que tengamos vacaciones, que disfrutemos de días libres, que trabajemos lo suficiente para hacer crecer empresas a la vez que disfrutamos de nuestras familias, que los niños no trabajen, que las mujeres recién paridas puedan disfrutar de una holganza o que existan ciertas normas que hagan que nuestros salarios evolucionen. Nada, nimiedades, los sindicatos no sirven para nada, viven de nuestro esfuerzo y poco menos que se han convertido en nuestros usurpadores enemigos. Vale, asumámoslo, negociemos nuestras condiciones laborales individualmente a partir de ahora, a ver si hay suerte y encontramos patronos comprensivos.
Otro empeño recurrente es convencernos de que los medios de comunicación públicos son prescindibles, es curioso que mucha de esa misma gente diga que no ve la televisión porque es bazofia. Bueno, pues hagamos desaparecer entonces los medios públicos pero asumamos que en paralelo estaremos sumergiendo cualquier disciplina deportiva que no sea publicitariamente rentable, destruyendo todos los contenidos puramente divugaltivos, eliminando los debates políticos y suprimiendo la cultura y educación de nuestra existencia mediática (por cierto, en este preciso instante en el que escribo, comienza Redes en La2, habrá que despedirse, las minorías han dejado de importar). Quizás lo de informar, formar y entretener ha quedado antiguo y hoy lo que prima es divertir, apaciguar y lucrar, todo es posible.
De cooperación internacional y ayuda al desarrollo ya no nos hablan, sencillamente se opta por degradarla a un tercer grado ministerial, privarla de recursos y mantener silencio para provocar que caiga en el olvido. Claro, bastante tenemos con lo nuestro. Hemos pasado velozmente de luchar por el famoso 0,7% a hacerlo por no llegar al 0,0%, corremos el riesgo de convertirnos en una cerveza sin, una nación insulsa y sin conciencia. Probablemente ya tampoco sirve de nada la solidaridad, nadie se acuerda de que gracias a nuestro liderazgo en el tercer sector conseguimos pertenecer al deseado G20, que gracias a ella millones de personas han podido dignificar un poco sus vidas o recuperar los hogares destruidos en diversas catástrofes o que, siendo materialistas, nuestras escasas grandes multinacionales han accedido a condiciones especiales para explotar recursos en aquellos países donde hemos colaborado. Quizás todo esto no sea suficiente para dar valor a la ética.
Por supuesto, tampoco sirven de nada las energías renovables, lo han conseguido, nos han persuadido de que son un mero complemento a las convencionales, poco importa que unas se agoten y las otras no, que unas contaminen y las otras no, que todo, en defiinitiva, depende de la iniciativa política, no de leyendas urbanas con escaso peso argumental. Dentro de poco completarán la jugada, dirán que es inútil que haya tantas instituciones educativas si no hay recursos para mantenerlas, que no tiene sentido conservar tantos hospitales en precario, que hay medicamentos y vacunas prescindibles y que en realidad tampoco deberíamos permitirnos tantos partidos políticos ya que la labor de oposición es irrelevante y traicionera. No sería la primera vez...
Negarse a la ignorancia y huir de la complacencia neo-liberal es de recibo, aunque tuviesen razón, que no la tienen, siempre es sano proponer argumentaciones alternativas, además, despertar la rebeldía dormida siempre rejuvenece. La dialéctica del inconformismo será más o menos minoritaria, más o menos utópica pero siempre ha sido y seguirá siendo útil a nuestra sociedad.
PD: Gracias a todos aquellos y aquellas que cada día se levantan para luchar por cosas que no sirven para nada.
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