Ando seco, el ombliguismo que impera en nuestras vidas ya no me permite ocuparme de lo que me preocupa, tenemos aparentemente tantos problemas internos que ya no nos queda apenas tiempo de analizar lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, entendiendo por fronteras los limites de la Unión Europea.
Informativamente Irak apenas existe, Afganistán se difumina, la hambruna en el Cuerno de África desapareció, la emergencia alimentaria en la región subsahariana del Sahel viene y va, no sé cómo siguen las cosas en Haiti ni cómo sobrelleva Palestina el nuevo gobierno de unidad nacional Israelí, tampoco tengo datos recientes sobre el expolio agrícola en Etiopía. A veces oigo hablar de Siria o de Bahrein, pero sólo a veces, sólo cuando la crueldad ejercida sobre las poblaciones de estos países es lo suficientemente brutal y el material gráfico de los reporteros lo bastante explicito como para que alguien decida que el hecho es noticiable y merezca un hueco entre Primas y Primos. ¿Estallará un día la guerra civil entre Sudán de Norte y Sudán del Sur? Quizás pero sólo nos enteraremos de repente una mañana si se produce una masacre que sea visualmente impactante.
La influencia mediática es tal que mi cerebro empieza a estructurarse como un consejo editorial y ya hablo de las cosas con la misma vaguedad a que nos están acostumbrando. Ahora mismo, por ejemplo, he nombrado el Sahel y el Cuerno de África como entes geográficos difusos, pues no es así, contienen países, muchos países y muchas personas, repito, personas. En el primer caso una "pan-región" que se extiende de lado a lado del norte de África, cuatro millones de kilómetros cuadrados, lo mismo que toda la Unión Europea, el Sahel es Malí pero también Mauritania, Senegal, Argelia, Guinea, Burkina faso, Níger, Nigeria, Camerún, Chad, Sudán y Eritrea. Doce países - como los que componían la Unión Europea hace dos décadas - y millones de personas, así que hablar del Sahel y sus problemas alimentarios en general es por lo menos impreciso. El Cuerno de África es menos extenso geográficamente, la mitad que el anterior, pero igual de complejo humanamente, cien millones de personas repartidas en cuatro países, Somalia, Eritrea, Yibuti y Etiopía.
¿Por qué detenernos en una breve explicación geográfica y demográfica? Simplemente porque para resolver problemas debiéramos empezar por identificarlos con precisión, para saber qué hacer hay que saber de qué hablamos, o más bien de quién. Son, repito, mucho países, muchas culturas, muchas etnias, y muchos problemas, similares sí, idénticos no, aunque todos compartan la misma sequía y el mismo olvido. Ahora, la próxima vez que veamos la foto de un niño que padece ascitis causada por una desnutrición severa pensemos que tiene nombre, nacionalidad, familia y un gobierno propio. O mejor, imaginemos, dentro de 50 años, por ejemplo, a dos ciudadanos chinos que mientras toman un cerveza en Shangai se indignan con la foto de un niño "europeo" recogiendo basuras en un gran vertedero. Ellos nunca sabrán si ese niño es español, francés, polaco o estonio y por eso tampoco podrán definir qué tipo de ayuda concreta requiere ese niño, y eso que en este futurible sería más propio generalizar puesto que en nuestro caso, aparentemente compartimos una unión política, cosa que no sucede en las zonas a las que hoy me refiero.
Pido disculpas si he sacado a alguien de su letargo mercantil pero ya que la prima de riesgo parece haberse relajado hoy, he creído oportuno recordar que hay situaciones mucho más "arriesgadas" que las fluctuaciones del valor diferencial de una deuda aunque es cierto que nuestra caída también les influye negativamente a ellos. Por cierto, ayer rescataron frente a las costas de Almería una patera con 56 inmigrantes "Subsaharianos", jamás sabremos su procedencia exacta pero sí podemos intuir que a ellos no les preocupa nuestra situación económica tanto como a nosotros, en caso contrario no vendrían. Al mismo tiempo, puedo imaginar, que ayer por lo menos 56 personas "norsaharianas" arribaron a Suiza, Alemania, Estados Unidos o vaya usted a saber, para empezar una nueva vida pero en ese caso sí han sido todos identificados como ciudadanos de un país llamado España.
Sigamos pues trabajando los que aún podemos, por nosotros pero también por ellos.
jueves, 31 de mayo de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
Cien palabras
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| ¿ Buscamos nuevas palabras? |
- Acreedores
- Advertencias
- Ahogadas
- Ajustes
- Alarma
- Alarmante
- Amenaza
- Aplacan
- Asfixian
- Asustados
- Atropello
- Austeras
- Austeridad
- Avalar
- Ayuda
- Batallas
- Caída
- Calmar
- Caótico
- Cebó
- Colapso
- Confusión
- Copago
- Corralito
- Coste
- Credibilidad
- Crisis
- Déficit
- Desafortunadas
- Desánimo
- Descarnado
- Descolocado
- Desigualdades
- Despido
- Desplome
- Deterioro
- Deuda
- Digerir
- Dolido
- Drama
- Dudas
- Durísimas
- Ejecutar
- Empeorado
- Empeorar
- Especulaciones
- Excepcional
- Fallas
- Financiación
- Frustrado
- Golpe
- Graves
- Histeria
- Hundimiento
- Hundió
- Impopulares
- Improvisado
- Inestabilidad
- Insostenible
- Intervención
- Intervenida
- Intervenir
- Inútil
- Liquidez
- Luto
- Mercado
- Miedo
- Negro
- Pánico
- Paro
- Perjudicial
- Perplejo
- Pesar
- Pozo
- Preocupación
- Preocupante
- Presiona
- Problema
- Quiebra
- Recelos
- Recesión
- Recortable
- Recortado
- Recorte
- Recortes
- Remedio
- Rescate
- Riesgo
- Rompe
- Ruido
- Salve
- Soga
- Solvencia
- Sufrimiento
- Superados
- Tensión
- Tensiones
- Titubean
- Varapalo
Y de propina, con el número 100, más recortes, palabra repetida a propósito porque si reprodujera las ocasiones en las que la encontré, llenaría por si sola una lista similar a esta. Observarán los lectores más perspicaces que las palabras reforma, estímulo, crecimiento, inversión y desarrollo no hacen acto de presencia en el centálogo del caos y esto no es una licencia de quién suscribe, simplemente no estaban.
Sólo puedo añadir a semejante disparate que no creo que la economía se base en la racionalidad matemática pura ni que esté protegida contra sentimiento o estado anímico alguno como se obcecó el liberalismo recalcitrante en defender. Creo, que muy al contrario, nuestra euforia consumista contagió a los irresponsables gobiernos y mercados que dirigían el planeta llevándonos a todos a un abismo de irracionalidad . Hoy, será nuestro pesimismo, alimentado por la necedad de gobernantes y analistas empeñados en poner fechas que nunca llegan, el que provoque una condena permanente y no revisable a un purgatorio económico en el que ninguno de nuestros esfuerzos obtendrá recompensa porque allí, Benito ni está ni se le espera y además no hay purga milagrosa.
Quizás ha llegado el momento de vetar este lenguaje, buscar motivos para creer y encontrar fuerzas para crecer. Empecemos a caminar y si en el camino nos cargamos un sistema obsoleto, mejor que mejor. ¿Utopía? Sí, pero hoy es lunes, seamos optimistas, ya veremos el viernes con qué nos sorprenden.
PD: Gracias Carmela, fue tu hashtag #stopcenizos el que inspiró este post, de no ser tuyo, házmelo saber para felicitar al creador...
lunes, 14 de mayo de 2012
¿Por qué estoy?
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| Porque también pertenezco a ese 99% |
Estoy porque lo que se lee, se escucha o se ve no es más que una transferencia de información ya pervertida por por la pluma y la palabra de quién la realiza. Si no estuviese no vería a todos esos estudiantes que a pesar de lo que pretenden algunos, están más formados que uniformados, todos ellos son mi hermano pequeño. No vería a decenas de sexagenarios, cuyos ropajes denotan su acomodo y que sin embargo abandonan sus sillones para venir a clamar por un futuro digno para sus hijos y nietos, todos ellos son mis padres. No vería a multitud de familias que acuden con sus retoños con la esperanza de que ellos nunca olviden que sus padres no se rindieron al expolio de un sistema decrépito, todos ellos son mis circunstancias.
Estoy porque cuando oigo a un Vicepresidente socialista de la Comisión Europea alabar las medidas destructivas de un gobierno tan liberal como incompetente me dan vértigos. Estoy porque me estomaga que una ex-Vicepresidenta económica con escasa visión periférica acceda a cargos millonarios en compañías de las que depende nuestro futuro. Estoy porque es repugnante que quien participó en el hundimiento de un mastodonte bancario pretenda reflotarnos desde un ministerio y quien orquestó la construcción de un tejido económico insostenible desde un ministerio hoy se lucre al abandonar el cascarón de un banco hundido.
Estoy para decir con educación pero en voz alta que no es justo que la única educación gratuita de calidad a la que tendrán acceso mis hijos será la que les pueda proporcionar entre los muros de mi hogar. Estoy porque tengo salud para acudir y quiero tener la certeza de que cuando no la tenga alguien me curará aunque no pueda pagar las medicinas. Estoy porque a un millón y medio de familias no les quedan ingresos ni para estar porque si van, aunque sea en metro, mañana quizás no se puedan alimentar.
Estoy porque el billón de pesetas de las privatizaciones de los 80' se esfumó, porque los cinco billones de pesetas de las privatizaciones de los 90' sólo sirvieron para enladrillar el país e hipnotizar a sus ciudadanos y porque en el nuevo milenio, sus sucesores no tuvieron ni tienen valor ni valía para cambiar nada. Estoy porque tras treinta años de negligencias económicas continuadas carecemos de un tejido industrial perdurable que dé cabida a un mercado laboral que jamás se recuperará porque la oportunidad se perdió y el dinero que voló ya no volverá.
Estoy porque la primera gran depresión del siglo tuvo descendencia, una retahíla de países en crisis, aunque algunos salieron fuertes y parece que comienzan a crecer robustos, otros, los que estábamos enfermos sin saberlo, salimos débiles y antes o después deberán abandonarnos a nuestra suerte, es cuestión de selección natural, no permitirán que nuestros males contagien al resto. Estoy porque esto no es un ciclo sin culpables sino un armagedón coordinado y aunque lo hecho, hecho está, por lo menos, no debiéramos consentir que quien participó y participa en ello por acción u omisión siga haciéndolo.
Pero sobre todo estoy porque todo tiene solución, sólo es cuestión de voluntad, una voluntad que escasea entre los 14 miembros visibles de nuestro gobierno, 350 diputados de nuestro parlamento, 266 senadores, 17 presidentes autonómicos y más de 8000 regidores municipales. Escasea porque nadie en su sano juicio colaboraría en la construcción de un nuevo patrón democrático que tuviese como consecuencia postrera la pérdida de su puesto de trabajo, además basta revisar la genealogía de muchos de ellos para concluir que en este país no sólo la monarquía es hereditaria. Estoy porque debemos conjurarnos todos para hacer lo que ellos nunca harán.
Estuve hace un año y regresé hace dos días porque nunca me fui. Estoy. Estamos muchos, en presente, porque esto no es cosa de un día, se pueden desalojar plazas pero es imposible que nadie logre ya desalojar la certeza de que lo que hay se agotó y toca trabajar sin pausa en lo que habrá, porque otra democracia es posible y otra gestión de recursos y otra organización social y otra perspectiva global y otra vida también.
Estoy aquí, sin flauta ni rastas ni porro ni perro pero también sin peros y con ganas de estar, sólo me pregunto ya si para seguir aquí he de salir de allí o quedándome allí tendré más oportunidades de ayudar a los de aquí. Sólo sé que soy y estoy.
#15M #Estoy
PD: Va por ti Jean, porque también estás y charlar contigo es siempre inspirador.
lunes, 7 de mayo de 2012
Barbarismos y barbaridades
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| ¿Vienen a civilizarnos? |
Cuando estalló la primera gran depresión del Siglo XXI, asumimos, por ejemplo, que el epíteto tóxico se identificase antes como un elemento descriptivo de ciertos activos financieros que como substancia nociva para la salud en caso de ingestión o contacto. Esto, sin duda, es un barbarismo ya que no se contempla acepción alguna que permita usar este término en este contexto pero lo grave no es la retórica, lo espinoso, lo que es una barbaridad, es utitilizar nuestro dinero y descapitalizar nuestro estado para salvar a todos aquellos bancos que tomaron decisiones incorrectas, a sabiendas de que lo eran, con el único objeto de lucrarse y estamos en camino de cometer el mismo error por segunda vez.
Hemos adoptado la palabra "copago" para definir algunas políticas de gestión del sistema sanitario público, nos encontramos de nuevo ante un barbarismo ya que que dicha palabra, sin la correspondiente separación por un guión, ni siquiera existe. Sin embargo la lengua es un elemento vivo y por lo tanto podemos perdonar la incorrección, lo imperdonable es que alguien pretenda hacernos abonar de nuevo un servicio que ya hemos pagado, eso es una auténtica barbaridad. Cierto es que ya nos habían acostumbrado a pagar doble ciertos servicios, hace años nos impusieron una tasa de basuras, nuestros mayores recuerdan aún cuando se impuso un IBI en el que venía desglosada la recogida de desechos, como aceptamos resignados ahora prueban nuevas formulas de saqueo. Esto me lleva a sugerir que puestos a incorporar nuevos "palabros" sería mucho más pertinente hablar a partir de hoy de "repago", define mucho mejor la situación.
Otras palabras conviven con nosotros desde hace tantas décadas que ya ni percibimos su maledicencia, es el caso del verbo "concertar" inexorablemente unido a nuestro sistema de educación pública, no sería un barbarismo si definiese la homogeneidad curricular de las escuelas públicas con las privadas pero, al no ser así, es simple y llanamente una barbaridad. Observo a dos niños de 4 años del mismo barrio y veo como uno, el que acude a un centro a cien metros de su casa, conoce al dedillo la obra y milagros del santón de turno, fundador de su cole, a quien agasaja con odas y cánticos mientras otro niño recorre cada mañana manzanas y manzanas para llegar a un colegio sin calefacción en el cual, por lo menos, tampoco le calentarán las meninges con una religión que no tiene por qué ser la suya. A mí, esto sólo me produce desconcierto, ambos centros sobreviven gracias a la contribución de nuestros ingresos, estudien nuestros hijos en ellos o no, otro ámbito por tanto en el que hablar de "repago" cobra sentido.
En los últimos tiempos nos incitan a contratar "seguros" médicos, curioso barbarismo ya aceptado como sinónimo de sociedad médica por nuestro diccionario. Recuerdo perfectamente cuando nuestros padres "se hicieron" de una sociedad médica y hablaban entre ellos con propiedad: "Me he hecho de X ¿tú de qué sociedad eres?". Por supuesto pertenecer a una sociedad privada sectorial de lo que se quiera forma parte de la libertad de cada cual. La barabaridad reside en que en nuestros días ya estamos convencidos de la inseguridad de la Seguridad Social y estamos en camino de sólo poder asegurar nuestra salud pagando triplemente: lo que pagamos porque sí, lo que nos van a cobrar de más y lo que invertimos en un sistema paralelo. Se presenta un saludable panorama idóneo para el brote de nuevas infecciones entre quienes no dispongan de recursos económicos, ya veremos quién se hace responsable cuando suceda, a ver quién es el primero en apresurarse a declarar que los inmigrantes traen enfermedades.
Obviaré otros barbarismos bárbaros más hilarantes y contradictorios pero una breve mención merecen algún oxímoron crediticio como conceder hipotecas a bienes inmuebles que no nos pertenecen para luego negar la dación en pago por no saldar el importe que nos entregaron u otros eufemismos laborales como los contratos fijos discontinuos, sólo falta que se imponga el salario parcial a tiempo completo, aquí ya todo es posible.
En definitiva, en muchas ocasiones los usos lingüísticos sirven de termómetro para medir la enfermedad que padecemos y la medicina aplicada pero en otras hemos visto que no significa nada, basta con observar la doctrina económica aplicada por las políticas socialistas de los últimos años. El socialismo, por cierto, recuperó ayer en Francia las riendas de la República, arrancó hablando de igualdad, justicia social, juventud, ecología y servicios públicos, bonita música para un nuevo tiempo. Sin embargo, como decía aquél, no son buenos tiempos para la lírica y el lirismo del socialismo ya no es suficiente, lo importante es regenerar su praxis y comenzar a marcar distancias claras con el liberalismo salvaje que nos trajo donde estamos, en caso contrario el sueño se convertirá en pesadilla, no olvidemos que el radicalismo aguarda agazapado nuestro fracaso.
PD: Tras publicar esto apareció nuestro presidente hablando de una inyección de dinero público a una entidad financiera. Otro barbarismo no contemplado por el DRAE, otra barbaridad no contemplada por el sentido común.
viernes, 27 de abril de 2012
¿Cómo es posible?
¿Cómo es posible que ya nadie se ponga de acuerdo en nada?
¿Cómo es posible que decenas de sesudos "economistas" no sean capaces de consensuar un presupuesto?
¿Cómo es posible que siempre se culpe de todo a otros?
¿Cómo es posible que sólo existamos ya como masa y no como individuos?
¿Cómo es posible que ansiemos poder y responsabilidad si tenemos la certeza de no saber asumirlos?
¿Cómo es posible que tomemos decisiones a sabiendas del daño que éstas provocarán en nuestro entorno?
¿Cómo es posible que no percibamos el perjuicio que se provoca a los más débiles como el nuestro propio?
¿Cómo es posible que la única forma de defender nuestras ideas sea atacar las del prójimo?
¿Cómo es posible que nuestros valores cívicos se hayan deteriorado hasta el límite de la putrefacción?
¿Cuándo ha ocurrido? ¿Por qué hemos dejado que sucediese?
Por supuesto que me refiero al gobierno y claro que lo hago en primera persona del plural, basta de hablar de los otros cuando estamos todos y cada uno de nosotros en el origen de los problemas. Nuestros representantes políticos no se ponen de acuerdo en nada porque imitan nuestras actitudes, porque al fin y al cabo ellos son nosotros. Resulta que a nosotros, hace tiempo, nos dejó de importar tener razón, hace mucho decidimos que era mucho más gratificante demostrar que el otro no la tiene. El día que decidimos abandonar nuestra razón fue el día que dejamos de investigar para encontrarla y ese día perdimos la oportunidad de descubrir que habíamos errado.
Claro que no son capaces de definir entre todos un presupuesto que sea beneficioso en conjunto, no lo son porque se trata de apostar a un sólo número para ver quién gana, para demostrar de nuevo que el otro no tenía razón aunque nosotros sepamos que tampoco la tenemos. Ellos han visto como hemos presupuestado en nuestros hogares y empresas, ellos nos han visto jugar a la ruleta rusa. Ellos beben de nuestros vicios, llevan años observando como presupuestamos nuestros negocios para perseguir el fin de lograr un máximo beneficio que contente a unos pocos. Les podríamos haber enseñado que para hacer crecer nuestra productividad es más lógico re-invertir en las personas y su bienestar para conseguir que nuestros productos sean más accesibles porque además hay más personas felices que pueden demandarlos. Pero lo que les mostramos fue que para deslizarnos a gusto por el parqué era más excitante comunicar con pompa y boato la cantidad ingente de dinero que habíamos ganado, poco importa que ese dinero no exista ni tenga una traducción tangible ni sepamos el uso que se le va a dar, nuestros accionistas y sus brokers ni siquiera saben a qué nos dedicamos. Además, en su caso - el de los políticos, me refiero - no pueden consensuar nuestro presupuesto - el nuestro, me refiero, no el suyo - porque entonces ya no tendrán nada que vendernos cuando regrese el zoco electoral a las plazas de toros.
Se culpan los unos a los otros por lo mismo, saben que lo entenderemos porque cuando nosotros asumimos una nueva responsabilidad laboral, lo primero que hacemos es culpar a nuestro predecesor y su mala gestión de los mediocres resultados que nuestra línea de negocio está obteniendo. Lo malo es que a nosotros esa excusa nos vale una sola vez, a la segunda nos despiden, ellos - nuestros políticos, insisto en lo de nuestros porque yo no soy su votante ellos son mis representantes porque a mí me da la gana - pueden utilizar la misma argumentación hasta el fin de sus días sin más repercusión que descender un piso en la escalera del poder. Ni era lícito ayer negar la mayor o buscar causas en un supuesto entorno hostil ni es hoy oportuno cargar la culpa en quién ya no tiene ninguna responsabilidad de gobierno.
Somos una masa informe que se cree potencialmente peligrosa para un poder establecido que ya no nos teme, aceptamos que denuesten a los inmigrantes y les priven de derechos sanitarios básicos porque nosotros tampoco les tratamos como a iguales, cedemos al giro constante de los valores cívicos institucionales porque nosotros también los hemos perdido.
No sé cuándo sucedió esto, quizás fue un proceso de degradación ciudadana constante que pasó desapercibido pero creo que se produjo porque durante demasiado tiempo vivimos cómodos inmersos en una complacencia cómplice. Hasta que no nos separemos de ellos y reiniciemos el juego, seguiremos pensando que les juzgamos mientras nos auto-inculpamos.
Hala, a seguir durmiendo...
PD: Tampoco nos preocupemos mucho, dentro de poco empieza la Eurocopa y tendremos algo de qué departir.
¿Cómo es posible que decenas de sesudos "economistas" no sean capaces de consensuar un presupuesto?
¿Cómo es posible que siempre se culpe de todo a otros?
¿Cómo es posible que sólo existamos ya como masa y no como individuos?
¿Cómo es posible que ansiemos poder y responsabilidad si tenemos la certeza de no saber asumirlos?
¿Cómo es posible que tomemos decisiones a sabiendas del daño que éstas provocarán en nuestro entorno?
¿Cómo es posible que no percibamos el perjuicio que se provoca a los más débiles como el nuestro propio?
¿Cómo es posible que la única forma de defender nuestras ideas sea atacar las del prójimo?
¿Cómo es posible que nuestros valores cívicos se hayan deteriorado hasta el límite de la putrefacción?
¿Cuándo ha ocurrido? ¿Por qué hemos dejado que sucediese?
Por supuesto que me refiero al gobierno y claro que lo hago en primera persona del plural, basta de hablar de los otros cuando estamos todos y cada uno de nosotros en el origen de los problemas. Nuestros representantes políticos no se ponen de acuerdo en nada porque imitan nuestras actitudes, porque al fin y al cabo ellos son nosotros. Resulta que a nosotros, hace tiempo, nos dejó de importar tener razón, hace mucho decidimos que era mucho más gratificante demostrar que el otro no la tiene. El día que decidimos abandonar nuestra razón fue el día que dejamos de investigar para encontrarla y ese día perdimos la oportunidad de descubrir que habíamos errado.
Claro que no son capaces de definir entre todos un presupuesto que sea beneficioso en conjunto, no lo son porque se trata de apostar a un sólo número para ver quién gana, para demostrar de nuevo que el otro no tenía razón aunque nosotros sepamos que tampoco la tenemos. Ellos han visto como hemos presupuestado en nuestros hogares y empresas, ellos nos han visto jugar a la ruleta rusa. Ellos beben de nuestros vicios, llevan años observando como presupuestamos nuestros negocios para perseguir el fin de lograr un máximo beneficio que contente a unos pocos. Les podríamos haber enseñado que para hacer crecer nuestra productividad es más lógico re-invertir en las personas y su bienestar para conseguir que nuestros productos sean más accesibles porque además hay más personas felices que pueden demandarlos. Pero lo que les mostramos fue que para deslizarnos a gusto por el parqué era más excitante comunicar con pompa y boato la cantidad ingente de dinero que habíamos ganado, poco importa que ese dinero no exista ni tenga una traducción tangible ni sepamos el uso que se le va a dar, nuestros accionistas y sus brokers ni siquiera saben a qué nos dedicamos. Además, en su caso - el de los políticos, me refiero - no pueden consensuar nuestro presupuesto - el nuestro, me refiero, no el suyo - porque entonces ya no tendrán nada que vendernos cuando regrese el zoco electoral a las plazas de toros.
Se culpan los unos a los otros por lo mismo, saben que lo entenderemos porque cuando nosotros asumimos una nueva responsabilidad laboral, lo primero que hacemos es culpar a nuestro predecesor y su mala gestión de los mediocres resultados que nuestra línea de negocio está obteniendo. Lo malo es que a nosotros esa excusa nos vale una sola vez, a la segunda nos despiden, ellos - nuestros políticos, insisto en lo de nuestros porque yo no soy su votante ellos son mis representantes porque a mí me da la gana - pueden utilizar la misma argumentación hasta el fin de sus días sin más repercusión que descender un piso en la escalera del poder. Ni era lícito ayer negar la mayor o buscar causas en un supuesto entorno hostil ni es hoy oportuno cargar la culpa en quién ya no tiene ninguna responsabilidad de gobierno.
Somos una masa informe que se cree potencialmente peligrosa para un poder establecido que ya no nos teme, aceptamos que denuesten a los inmigrantes y les priven de derechos sanitarios básicos porque nosotros tampoco les tratamos como a iguales, cedemos al giro constante de los valores cívicos institucionales porque nosotros también los hemos perdido.
No sé cuándo sucedió esto, quizás fue un proceso de degradación ciudadana constante que pasó desapercibido pero creo que se produjo porque durante demasiado tiempo vivimos cómodos inmersos en una complacencia cómplice. Hasta que no nos separemos de ellos y reiniciemos el juego, seguiremos pensando que les juzgamos mientras nos auto-inculpamos.
Hala, a seguir durmiendo...
PD: Tampoco nos preocupemos mucho, dentro de poco empieza la Eurocopa y tendremos algo de qué departir.
lunes, 16 de abril de 2012
Paquidermos, monarcas y repúblicas
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| Suazilandia: tan lejos, tan cerca... |
En el presente, sobreviven dos grandes familias de elefantes, asiáticos y africanos, las dos grandes diferencias entre ambos son el tamaño y la posibilidad de domesticarlos. En la actualidad existen también dos tipos de reyes en la sociedad humana, los casi extintos monarcas absolutos, se encuentran algunos especímenes en oriente-medio y en el continente africano y aquellos que ejercen su mandato en democracias consolidadas, estos últimos están también en peligro de extinción pero aún así podemos hallar una decena en Europa y alguno en Asia. Los monarcas autoritarios fueron exterminados ya que al no ser domesticables sucumbieron al poder de las masas, la segunda especie monárquica, sin embargo ha sido amansada a través de la fuerza de las urnas y de una vigilancia constante por parte de sus plebeyos. Numerosos estudios científicos han detectado en la psique de la especie monárquica doméstica un nivel de entendimiento que les asemeja bastante al común de los mortales, incluso se han detectado dosis de inteligencia emocional en su forma de razonar, parece que en algún momento dedujeron que la única forma de hacer perdurar su especie era mostrar una falsa apariencia de normalidad mundana. En realidad, lo que sucedió hace siglos fue que algunos humanos llegaron a un acuerdo tácito de no agresión a condición de que sus soberanos mostrasen, vocación de servicio público, corrección en sus modales y austeridad en sus costumbres. Desgraciadamente, o más bien, afortunadamente, el contrato monárquico no es indefinido ni mucho menos vitalicio, está siempre sometido al dictamen de la ciudadanía que siempre tuvo en sus manos el poder construir paradigmas de organización social diversos. Parece que se están dando casos en los que tanto ciudadanos como monarcas han olvidado cual es la naturaleza de sus obligaciones y deberes, esta amnesia no carece de cierto peligro porque es temporal y cuando retorna la memoria suelen acontecer reacciones abruptas e irreflexivas. Cierto es que en ocasiones la historia toma derivas insospechadas y parece que hay situaciones que sólo dirigen hacia la única forma de gobierno razonable y razonada, pero para tomar rumbo a la república convendría descargar ideas preconcebidas.
Paradójicamente y simplificando mucho, el punto en común entre elefantes, reyes y repúblicas reside en que de esto último también existen dos tipos básicos, la presidencial y la parlamentaria. El primer esquema republicano es bastante arriesgado sobre todo en países con un histórico autoritario, muchos de los que optaron por el presidencialismo acabaron derivando a sistemas dictatoriales, van camino de ello o sufren un déficit ideológico. Por supuesto se puede admirar a un líder elegido sin olvidar que la grandeza del país reside en la confraternidad ciudadana y se puede otorgar mucho poder sin obviar que la autoridad real y la libertad moran en una sociedad igualitaria, lo malo, es que se ha comprobado que para que esto funcione hay que ser francés, cualidad casual y aleatoria que, muy a mi pesar, no se adquiere por conciencia infusa. Quedaría por tanto la opción de emprender camino hacia una república parlamentaria a sabiendas de que es una vereda angosta, de difícil retorno, no carente de escollos y como todas las aventuras, repleta de incertidumbres. Pero seamos sinceros con nosotros mismos, quien gusta de progresar ha de arriesgar y esto sólo se puede hacer en momentos de grandes crisis en los que queda poco por perder y puede haber mucho por ganar, sólo debemos preguntarnos ahora si en este instante, en este país, se dan las condiciones óptimas y necesarias para afrontar la ardua tarea del cambio.
Pienso que si conseguimos reducir ciertas actitudes - tan borbónicas como poco edificantes - a la categoría de anécdota, dejaremos de lado la exaltación verborreica y conseguiremos revestir nuestra piel de la dureza propia de los Paquidermos. Si además conseguimos dilatar nuestras entendederas hasta alcanzar un tamaño elefantino y abandonar temporalmente la característica emotividad hispana, estaremos en condiciones, en esta ocasión, de tomar una decisión racional. Tres condiciones básicas se necesitan pues para caminar con pies de plomo - sin ánimo de ofender a infantes - y dar un paso firme hacia adelante: certeza del hastío, voluntad de progreso y madurez ideológica. Extrapolando algunas vivencias propias en mi entorno cercano concluyo que los dos primeros requisitos están en vías de adquisición pero el tercero está en pañales o, siendo optimista, llegando a la pubertad. No puedo evitar que ciertas actitudes acrecienten mi temor a los resultados perversos que puedan derivar de una andanza republicana mal planificada.
Vaya por descontado que no sólo aspiro a que mis hijos vean nacer una nueva república, tengo la certeza casi darwiniana de que será una utopía que alcanzaremos, sólo albergo dudas sobre la oportunidad del momento, cada cual que tome sus conclusiones sin olvidar que una reforma constitucional de este calado será incompatible con fobias y filias individuales. Con todo el respeto, ilustro hoy este artículo con la bandera de Suazilandia, una monarquía absoluta lejana con la que por ahora sólo compartimos el colorido del emblema y los leones del Congreso aunque algunos sin duda empiezan a ver más similitudes por el empeño que ponen otros en suscitar rechazo con sus exóticos e inconscientes devaneos.
PD: Tras un fin de semana complejo, dedico este artículo a los cuñados del mundo - sean borbones o no - para que no olviden que las ideas claras sólo son virtud cuando son porosas a las ajenas.
lunes, 9 de abril de 2012
Decisiones y consecuencias
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| La culpabilidad de unos azores innobles |
Por supuesto, todas y cada una de las vidas segadas en esta guerra infame tiene el mismo valor y merece nuestro respeto y recuerdo infinito e independiente del bando al que perteneciese, no conocemos ni los nombres ni los apellidos de la gran mayoría, tampoco sabemos del sufrimiento de sus familias, tan sólo podemos intuirlo. Sin embargo, en cada país sí individualizamos el horror y recordamos hombres y mujeres concretos a quienes debiéramos estar eternamente agradecidos, sus nombres pertenecen ya a la historia y su pérdida nos marcó en lo más hondo.
Esta semana recuerdo a dos personas que fallecieron en Bagdad con sólo un día de diferencia en el mes de abril de 2003 escasas semanas después de que los tres nefandos personajes de la fotografía y su anfitrión - único que sigue en activo, alguien creyó en su idoneidad para dirigir una Comisión Europea desprestigiada - decidiesen invadir un país. Hace ya nueve años que nos arrebataron a Julio Anguita Parrado y José Couso Permuy, tenían entonces aproximadamente la edad de quien suscribe y un futuro más que prometedor pero incluso siendo conocidos, hoy ellos ilustran lo profundamente injusta que resulta en ocasiones la atención mediática.
El pasado día 8 de abril, Couso recuperó cierto interés informativo, se le dedicaron algunas líneas y minutos en los medios e incluso la funesta efeméride fue tendencia en redes sociales como Twitter, yo mismo participé en ello aportando mi granito de arena para mantener vivo el recuerdo de la persona y de su abyecto asesinato . Sin embargo pocas referencias a Parrado se pudieron encontrar el día anterior, fecha en la cual, nueve años antes, un misil también terminaba con los sueños del joven periodista que recién comenzaba su trayectoria como reportero de guerra.
Deberíamos preguntarnos qué diferencia existe entre ambos compañeros para que uno siga acaparando algún tiempo informativo mientras la figura del otro se ha diluido con el transcurrir de los años. Sin dejar de lado la encomiable e infatigable labor de los familiares y amigos de Couso creo que la clave está en la supuesta culpabilidad de los asesinatos. El misil que quitó la vida a Parrado provenía de fuego "enemigo", fueron "los malos" quienes lo lanzaron, es decir el ejercito iraquí, por lo tanto desde un primer momento y al no ser posible delimitar responsabilidades, su caso pasó a engrosar el vergonzoso saco de los mal llamados daños colaterales.
En lo que se refiere a Couso la opinión pública tiene una percepción muy distinta de los hechos, el fatal proyectil provenía de "fuego amigo", se localizaron tres supuestos responsables y el proceso judicial contra ellos sigue abierto a pesar de las trabas gubernamentales y diplomáticas. La justicia española sigue buscando a Gibson, Woldrford y De Camp, tres militares estadounidenses acusados por el asesinato del cámara de Telecinco. El problema reside en que por mucho que nos esforcemos en hallarles nos les encontraremos porque están perfectamente hallados, son veteranos de guerra y podemos columbrar que una vez licenciados siguen con sus vidas en sus respectivos hogares, solamente deberán evitar elegir las costas españolas como destino vacacional y eso es algo con lo que se puede vivir. Pero la verdadera cuestión tampoco es esa sino que no desviemos el foco de atención, se acertó al concluir que eran tres los culpables pero quizás se erró con sus nombres porque, insisto, los auténticos instigadores, urdidores y planificadores del asesinato se siguen llamando Bush, Blair y Aznar. El día que asumamos que el factor desencadenante de la tragedia no se encuentra en montañas lejanas ni desiertos remotos habremos encontrado a los culpables no sólo del asesinato de Couso sino también del de Parrado y de por lo menos otras 150.000 personas más, será entonces cuando estemos en condiciones de identificar a tiempo a futuros sociópatas disfrazados de estadistas que quieran vendernos conflictos forzosos. Algunos dirán que los ex-dirigentes mencionados ya pagaron sus decisiones en las urnas, una consecuencia demasiado leve para quien ya había terminado su ciclo político, es como si quemo mi edificio, muere una anciana y me castigan usurpándome la presidencia de la comunidad a un mes de la junta de vecinos, un disparate.
En todo caso, sirva este artículo como sincero homenaje a Julio Anguita Parrado, José Couso Permuy y todos aquellos que siguen jugándose la vida para que el resto seamos conscientes de la atrocidad de la guerra y el sufrimiento de los más débiles. Hay quien dice que el periodismo agoniza, yo digo que seguirá estando muy vivo mientras a diario, personas como Julio y José sigan empeñados en otorgarnos información relevante que nutra el arraigo de un sentimiento anti-belicista indispensable para enfrentarnos frontalmente a las futuras decisiones erradas que puedan tomar nuestros gobernantes, después, que cada cual asuma las consecuencias de sus decisiones. Sí, estoy hablando de Irán.
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| Julio Anguita Parrado 1971-2003 |
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| José Couso Permuy 1965-2003 |
PD: Un mes más tarde de los fatídicos hechos hoy recordados me casé, después nacieron mis dos hijos, hoy seguimos disfrutando los unos de los otros y debemos luchar - por muy utópico que parezca - para que ninguna familia, en ningún lugar, se vea nunca más prematuramente desgarrada por torpes decisiones ajenas.
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